Temas Especiales

04 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Ruptura o relevo generacional

El relevo generacional es un proceso normal en la vida. Sin él no se podría producir la continuidad de las ideas y de los programas. En ...

El relevo generacional es un proceso normal en la vida. Sin él no se podría producir la continuidad de las ideas y de los programas. En la política este proceso se manifiesta de manera mucho más compleja. Aunque debiera tratarse como un acto natural en la existencia de una organización o grupo, en la práctica esto conlleva una profunda lucha entre fuerzas que se disputan el control y poder político. Nadie sede sus espacios vitales de poder a menos que se trate de dirigentes con una gran visión y aptitudes.

Los partidos modernos resuelven esta continuidad a través de políticas de formación, en donde el proceso práctico de enseñanza se liga con la experiencia de sus anteriores dirigentes. Estos partidos crean las oportunidades para que los nuevos dirigentes puedan dirigir, administrar y organizar la agrupación y lograr así la experiencia necesaria. Es una etapa en donde coexiste la experiencia con la juventud.

Por más democracia que exista en un partido, por más elecciones internas que estos realicen, si no existe una política de formación del relevo, la organización irá perdiendo su “ amarre “ con la sociedad y las nuevas generaciones. El relevo va acompañado de nuevas actitudes para superar los errores, le imprime una identidad propia en sus acciones políticas y se convierte en la fuerza fundamental del cambio y la transformación. Se entiende que ante nuevas realidades se necesitan nuevos hombres, con nuevas ideas, con nuevas soluciones. En otras palabras, se necesitan rostros frescos, no contaminados por un período agotado que muchas veces se resiste a ceder su espacio de poder.

En los partidos políticos de Panamá este proceso natural no existe. Cada cambio en sus organismos de dirección semeja más una ruptura con el pasado que un relevo consentido y negociado por las partes.

En el caso del PRD hubo un tiempo en que eso se resolvía a través de la fuerza dirigente de los militares. Luego de la invasión la transferencia del mando se realizó de manera natural. Después de la derrota del referéndum de reelección en 1999, ocurrió igual. A partir de allí se introdujo un nuevo liderazgo que habría de durar más de una década. Una década expresada por el gradual abandono a esa política de formación del relevo y su sustitución por grupos y corrientes asentadas en una política de clientelas.

La juventud fue echada a un lado, las aspiraciones por ascender en la organización no tenían nada que ver con los méritos y las aptitudes, la subordinación en base a la complacencia y la incondicionalidad sustituyó las buenas intenciones de preparar los cuadros dirigentes para el normal relevo. Cuando finalmente a esa dirección se le impone un cambio nos encontramos con una triste realidad. La realidad de no haber formado un cuerpo dirigente fresco con capacidad de asumir el relevo. El relevo no necesariamente tiene que ver con la edad, aunque esté sea un atributo importante. Al decir de Marías, hoy deben convivir, los sobrevivientes, el viejo poder, la antigua disidencia y algo de juventud.

Ese aparato debe abrir el camino hacia un cambio integral de la organización, con una actitud diferente y una demostración práctica de que sí existe la voluntad para ese cambio.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net