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27 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El populismo punitivo y la desocialización del individuo

Aumento de penas, creación de nuevos delitos, condenas consecutivas, reducción de la edad penal para juzgar menores, ampliación de las f...

Aumento de penas, creación de nuevos delitos, condenas consecutivas, reducción de la edad penal para juzgar menores, ampliación de las facultades policiales, escuchas telefónicas, mayores restricciones penitenciarias, en resumen: macropenalismo puro y duro, son solo algunas propuestas surgidas desde una forma común de hacer política, el populismo punitivo.

Con este término se denominan aquellas tendencias políticas orientadas a ofrecer respuestas “ rápidas ” y “ eficaces ” a los problemas de seguridad de una sociedad a través de la ampliación del sistema penal y de un funcionamiento reactivo y represivo de éste como respuesta primordial. La sociedad se divide en buenos y malos, donde estos últimos no son reconocidos como ciudadanos (aunque un voto de ellos no lo despreciarían) y trazan una línea divisoria simplista con nosotros (la gente “ decente ”, “ honrada ”) y con los delincuentes.

Al reforzar el encierro como principal solución al problema de la inseguridad, el problema lo trasladan a las cárceles. Aumento del hacinamiento, de la violencia interna y los motines. El sistema penitenciario se convierte en una oficina privada del crimen organizado, coto de la corrupción más escalofriante y verdadera universidad de delincuentes.

Un delincuente no se desarmará por el simple hecho de saber que si lo descubren lo sancionarán con más tiempo en prisión. De hecho, luego de aprobado el aumento de penas por homicidio de 20 a 35 años esos aumentaron de 11 a 19 por 100,000 habitantes.

El rigor penal excesivo del sistema penal tiene carácter criminógeno, es decir, contribuye a la generación y reproducción de la criminalidad —al estigmatizar a los imputados de delitos como delincuentes y al ponerlos en contacto, muchas veces innecesariamente, con los establecimientos de detención y prisión, con el consiguiente riesgo de la desocialización y del contagio criminal— hace que un porcentaje de estas personas alcanzadas por el sistema penal ingresen a la carrera criminal o refuercen su decisión de mantenerse en la misma.

En Panamá, para julio de 2009, se encontraban en el Sistema Penitenciario 10,757 personas detenidas, de las cuales el 57% son presos sin condena, es decir 6,156 presos. El actual sistema no es eficiente para esclarecer y sancionar los delitos. Más del 80% de los homicidios quedan impunes. En el 2008 se realizaron 227 juicios por homicidios, de los cuales solo en 28 casos hubo sentencia y 56% de los detenidos reinciden. Pasamos de 100 a 216 pandillas pese a la Ley de Pandillerismo. Tenemos la población penitenciaria más alta de Centroamérica, 399 internos por cada 100,000 habitantes. El 14% son menores de edad. El aumento de penas recientemente aprobado, endurece el castigo para el homicidio y los delitos comunes mas no así la corrupción gubernamental.

Las causas del aumento de la criminalidad se relacionan directamente en las priorizaciones del Estado en materia de política criminal.

Postergación del Sistema Penal Acusatorio, que mantendrá miles de detenidos en un limbo jurídico, así como del anteproyecto de ley presentado por la Alianza Ciudadana Pro Justicia, donde aumenta las penas a funcionarios públicos que cometen actos de corrupción. Postergación de la discusión del proyecto de ley que busca establecer procesos para nombrar y evaluar a funcionarios judiciales que fortalecería la independencia judicial.

Falta de apoyo al anteproyecto de ley sobre justicia de paz, que reorganiza la estructura de las corregidurías y las convierte en casas comunitarias. En estas casas, un juez de paz y un mediador comunitario aplicarán métodos alternos a la cárcel de resolución de conflictos en la comunidad, como la mediación y la conciliación.

Necesidad de programas dirigidos a madres y niños menores de 5 años en riesgo (Parvularios en zonas rojas, combate a la violencia doméstica, etc.), programas integrales contra la violencia juvenil y pandillas. Estrategia de castigo ejemplar (cabecillas) y compensación a los que eligen no delinquir (becas, trabajo, etc.), terapias de ocio (deportes, lectura, bailes, etc.). Reemplazo del comportamiento agresivo (control de ira, racionamiento moral). Tratamiento integral en la cárcel y reincorporación contra el uso de drogas. Programas vocacionales. Terapia conductual cognoscitiva.

Establecer políticas unificadas contra la violencia doméstica. La violencia aumenta el riesgo de ser arrestado como adolescente en un 53%, como adulto un 36% y por un crimen violento un 38%. Los niños criados en hogares violentos tienen seis veces más riesgo de cometer suicidio, 26 de cometer asalto sexual, 57 de abuso de drogas y 75 de cometer otros crímenes. Por último, no debemos olvidar las sabias palabras de Oscar Wilde, “ Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos, que con la repetición de los delitos ”.

*Médico. concienciaciudadana09@gmail.com