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Como todo proceso humano-social, económico y político, los fenómenos en las estructuras de la colectividad atraviesan por periodos de tiempos determinados, es decir la epistemología, la dialéctica y cualquier otra ciencia filosófica, que se ocupa de estos menesteres, ha sido necesario casi más de 25 años para intentar llegar a la firma del acuerdo de libre comercio con Mercosur, luego que el viernes 9 enero la mayoría de los países que integran la Unión europea (UE) aprobaran la firma del acuerdo de libre comercio.
Los representantes de los 27 países que conforman la UE dieron a conocer la posición de al menos de 15 de estos países que representan alrededor del 65 % de la población total del bloque y que es lo mínimo que se requiere para su aprobación. La aprobación se ha logrado por mayoría cualificada, aunque existieron enfrentamientos. Cinco gobiernos han votado en contra: Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda.
La firma del acuerdo —con interrogantes— está señalada para el próximo 17 de enero en Paraguay y estará presente Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. El propósito fundamental y punto central del acuerdo es la eliminación progresiva de los aranceles sobre alrededor del 90 % de los productos comercializados entre la zona del viejo continente y los 4 países del Mercosur conocidos: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
El acuerdo tenía connotaciones inciertas y dudas, por la oposición de algunos países grandes de la UE, tales como: Francia, Polonia e Italia, pero en el rejuego de las concesiones —allá también hay “matraqueo”— o lobby agrícola, más elegante, que considera la competencia de países integrantes de este bloque comercial sudamericano, ya mencionados, una potencial amenaza y competencia para los agricultores europeos, porque supuestamente aumentará la importación de productos más baratos.
Como en toda negociación, hay ventajas y desventajas, obtener beneficios, sacrificios en un determinado rubro. Algunos consideran que se está muy alejado del verdadero libre comercio, pues existen estándares de calidad, cuotas, medidas de salvaguarda, ciertas utilidades competitivas, presencia de los aranceles, ampliación del mercado, productos sensitivos en la cadena comercial, devaluación de monedas.
Todo lo anterior estuvo precedido de grandes manifestaciones, cierre de calles, “tractorazos” o “tractoradas”, presencia de las inmensas máquinas agrícolas en las calles, en donde los agricultores de esas naciones mostraban su oposición y repudio por las medidas “proteccionistas” y arancelarias que ponían en desventajas a los productores europeos. Hubo marchas en rechazo al convenio UE-Mercosur, involucrando a varios países, principalmente Francia, donde una enorme cantidad de tractores bloquearon zonas importantes de París. Igualmente, en Polonia, Austria, Irlanda, Hungría.
Por su parte, los defensores del pacto comercial, como España y Alemania, señalan que dicha actividad permitirá la oportunidad de diversificar distintas alternativas comerciales, en el rejuego internacional de los polos de poder y el multilateralismo, debido a la amenaza que tiene la UE por la competencia china y la política arancelaria de Estados Unidos, aparte de la decisión de Italia, cambio de posición, resaltando la importancia de los “enormes beneficios” que se van a originar con el acuerdo. Son las jugadas maestras del ajedrez internacional.
Los analistas y los mismos agricultores europeos tienen el temor de un posible impacto de la irrupción o ingreso masivo de carne, arroz, miel, soja sudamericana, a cambio de la exportación de vehículos, maquinarias, quesos y vinos europeos al Mercosur. Con este inmenso zaperoco a nivel mundial, estrategias de ataque y contraataque, diplomacia fina o aquelarre infernal en todo el planeta, Panamá ha suscrito un marco conceptual de adhesión al Acuerdo Mercosur y el Gobierno Nacional ya entabló relaciones diplomáticas con dicho bloque comercial y están realizando las primeras conversaciones y aproximaciones al respecto. No hay nada definido en materia agropecuaria. Sobre estos aspectos en el país, se está actuando con cautela, han efectuado reuniones técnicas de consulta, señalando los controles y medidas fito y zoosanitarias, los productores y sus gremios asociados deben participar activamente en estas conversaciones, haciendo énfasis en que el país cuenta con 12 rubros sensitivos, destacándose entre ellos: arroz, carne bovina, porcina, avícola, leche y derivados, al igual que la cebolla y papa.
La dinámica mundial no se detiene, hay grandes retos en el sector agropecuario. Para este año la desgravación arancelaria llega a su mínimo nivel de cero para rubros específicos y debe prevalecer la concepción de garantizar la seguridad alimentaria, cumplir las medidas sanitarias (esta el ejemplo del gusano barrenador), acuerdos con la OMC, TPC y ahora el Mercosur.
Entre algunas posibles ventajas de Panamá, está el acceso a un mercado más ampliado, habrá quizás reducciones de barreras arancelarias, diversificación de oportunidades (logística,) atracción de inversiones, plataforma de servicios
Quizás también mencionar entre ciertas desventajas: competencia para los productores locales por ingreso productos subsidiados, la inestabilidad política de esos países, hay que establecer normativas armónicas, desequilibrios de mercados.
Cuando hay producción nacional, desterrar algún día de la agenda nacional el eterno “juega vivo” de importaciones desmedidas y por debajo de la mesa o utilizar argucias legales, evitar el contrabando, luchar contra la corrupción en todas las esferas de la vida nacional.