28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sin Dios, sin bondad y sin verdad

Hacer el mal es sencillo. Y hay muchas maneras de hacerlo. El modo más fácil y recurrente es no siendo veraz. Por ello, muchas veces, no...

Hacer el mal es sencillo. Y hay muchas maneras de hacerlo. El modo más fácil y recurrente es no siendo veraz. Por ello, muchas veces, nos preguntamos: ¿Por qué miente? ¿Sabes por qué? Porque esa ha sido la solución más simple y más cómoda. Pero allí no queda todo. Lo increíble es que las mentiras ya no son lo que antes eran: ¡Un mal! Algo real y palpable que mata el espíritu y debe ser reconocido como tal. Solo cuando reconozcamos al mal en sus muchas formas y lo llamemos por su nombre podremos curarlo. Las malas personas construyen sus vidas en la mentira. Y atacan a los demás, en lugar de enfrentar sus propios fracasos y resentimientos. A menudo, logran engañarnos; cuando no terminamos por adularlos, como a Barrabás.

Quien está detrás del mal es el Maligno. Cuando no lo reconocemos así, es porque esa es su consigna que cuando la seguimos terminamos por decirnos que el Demonio no existe y que hay que crucificar nuevamente a Dios. Porque Dios es quien por medio de su Iglesia sostiene esos grandes valores de la humanidad que nos redimen y nos hacen hombres y mujeres de bien. O porque es Dios quien puede hacernos sentir culpables de nuestra maldad.

Es mentira que tengamos una Moral Cristiana obligante. Dios no obliga a nadie y quien así lo dice tampoco conoce los mandatos evangélicos de Jesús. Tampoco es cierto que haya unos dogmas religiosos infranqueables. Lo que existe son muros en las mentes de unas minorías ideológicas que pretenden acabar con los valores cristianos, la libertad y la verdad misma. Y falso es que la Iglesia discrimine a los homosexuales. No puede haber discriminación con los que ya no se sienten igual a los demás. Menos cierto es que todo aquel que dice creer en Dios es una persona de bien. El Diablo también cree en Dios y no por ello deja de ser Demonio. Odioso y destructivo.

Deprime que los buenos cristianos no sepan defender a su Iglesia como haría un hijo con su propia madre, pese a sus defectos. Y es lamentable saber que ese anticatolicismo rampante tenga a muchos callados como si ese silencio tuviera algún mérito ante Dios. Pena da que una minoría resentida y engañosa pueda hacer más en contra de los derechos de una mayoría que ha tenido la dicha de educarse en la fe cristiana y que comprende que no por ello ha renunciado al uso de la razón.

No permitamos que esta paranoia moderna contra la Iglesia Católica, producto de la maldad, siga haciendo uso de las mentiras y las medias verdades para apartarnos del verdadero camino de la Verdad y el Bien. La Iglesia nunca ha sido perfecta. Solo Dios. Pero quienes la atacan, tampoco lo son. Eso sí, les gusta ver la paja en el ojo ajeno y no la viga que tienen en su corazón que no los deja ver, conocer y amar a Dios tal como es y quiere ser amado.

*Escritor católico para Veritas Prima. vargasvidal@yahoo.com