27 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Las nuevas relaciones con EE.UU

La historia, se sabe, tiene trascendencia no como conocimiento abstracto del pasado, sino como enseñanza para el presente y el porvenir....

La historia, se sabe, tiene trascendencia no como conocimiento abstracto del pasado, sino como enseñanza para el presente y el porvenir. Por eso es interesante analizar las relaciones de Panamá con los Estados Unidos de cara a lo acontecido durante los últimos años, no solo desde que salió el último contingente militar de la base de Clayton el 31 de diciembre de 1999, sino revisar de manera integral lo que han sido las negociaciones y conversaciones en diferentes gobiernos y administraciones con respecto a los acuerdos, compromisos y tratados, específicamente los referentes al TPC.

Por casi toda la historia, Panamá se amoldó a la estrategia económica de los Estados Unidos y se convirtió, aunque muchos no lo acepten, en su patio trasero. Aquí se instalaron bases militares a su antojo, se creó una relación paternalista en la cual desde acá pedíamos permiso y desde allá nos supervisaban y, en muchas ocasiones, nos llamaban la atención. Eran tiempos del debate entre la soberanía y la conveniencia, entre las limosnas y los millones, entre el proteccionismo y el neoliberalismo, como se llamaba a la idea de hacer caso inmediato a las pretensiones de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIS).

El destino natural de Panamá, nos decían, era la agricultura y la ganadería y no había campo para las “ industrias de servicio ”. Nadie podía ni siquiera pensar en estudiar para administrar puertos o pilotear barcos por el Canal. Esas profesiones escapaban del radar de oportunidades de los istmeños y se creían exclusivas para los zoneítas. El péndulo de oportunidades estaba siempre inclinado hacia los intereses de Washington y no necesariamente reflejaba la tesis clásica de que todos los individuos tienen igualdad de posibilidades para alcanzar su propio interés.

En este contexto se puede entender las posiciones adoptadas por Panamá durante buena parte del siglo XX, aunque aún existan quienes tengan prejuicios sobre la conveniencia o no de que se hayan marchado los gringos. Es decir, por estas y tantas otras cosas más, Panamá no puede volver a ser el títere del imperio del Norte. Una rápida lectura al memorando de entendimiento de cualquier acuerdo entre dos naciones mostraría que hay un sólo y concreto aspecto de compromiso: los Estados tienen el derecho de ser tratados como miembros de una comunidad internacional, independientemente de su área geográfica, poderío bélico o tamaño de población, aunque los restantes acápites y normativas dependan de la voluntad de los signatarios para su cumplimiento. Es decir, Panamá tiene igual derecho y debe ser tratada por los Estados Unidos como tal.

Estas reflexiones no son para negarnos a unas nuevas relaciones con los Estados Unidos, ni para proponer formas y niveles de protección que nos aíslen. Apuntan a que si en la relación entre dos países uno tiene una estrategia y un proyecto nacional y el otro no, el resultado ya se sabe cuál es. La cuestión va más allá de los modestos instrumentos de salvaguardia diplomática que quieren aplicarse. Panamá en ésta y en otras relaciones tendrá éxito si elabora una estrategia de desarrollo y la ejecuta con firmeza.

Por eso nos complace la creatividad e iniciativa del nuevo embajador en Washington. Su perspectiva de lo que deben ser las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos lo sitúan al nivel de un mariscal de campo, que observa de manera efectiva y completa el frente de batalla. De acuerdo a sus señalamientos, la reafirmación de los lazos con los Estados Unidos requiere de una óptica de mutuo respeto para que Washington vea a Panamá como un elemento importante para la estabilización de la Región en estos momentos de turbulencia. Aunque la firma del TPC sigue teniendo su importancia, ya no es la pieza principal de las nuevas relaciones con los Estados Unidos, sino el diseño de una estrategia geopolítica integral en la cual Panamá es el pivote para su implementación.

No tenemos ninguna duda de la capacidad intelectual, profesional y social del embajador Jaime Alemán Healy, y de su compromiso incondicional por dejar un legado de excelencia diplomática, tal como lo hizo su padre durante algunos años de la década del 60. Su nuevo ejército de aliados, denominado Friends of Panama Caucus , constituye la plataforma de lanzamiento por medio de la cual se consolida el apoyo para conseguir, en el corto plazo, los votos para pasar el TPC en el Congreso norteamericano y, posteriormente, para establecer medidas bilaterales de beneficio mutuo.

Políticamente hablando, estamos viendo tiempos difíciles en Washington para la aprobación inmediata de un TPC. La experiencia de muchos años de otros muy buenos diplomáticos demuestra la impotencia panameña frente a esta situación. En la actualidad, la agenda legislativa estadounidense está topada por la dura discusión de la reforma sanitaria, por la búsqueda de una solución para calmar la asfixia financiera y la caída del dólar, por el dilema del envió y permanencia de tropas en Afganistán, por la creación de nuevas fuentes de trabajo y por la crisis económica de empresas emblemáticas, como son las automotrices, aerolíneas y bancos, lo cual distrae y dificulta el trabajo de cabildear y convencer.

Pero lo cierto es que estamos bien representados con Alemán Healy en Washington, un hábil negociador, letrado en ciencias políticas, sabio en el arte de la diplomacia, miembro de una familia respetable y socio de una firma de abogados renombrados de la localidad. Estamos seguros de que su iniciativa de los Friends of Panama va a aportar soluciones orientadas a mejorar nuestras relaciones con los Estados Unidos, lo que conllevará un nuevo modelo de respeto y entendimiento entre ambos países. Y es en estos momentos, cuando debemos apostar por panameños como Alemán Healy que, sin duda, es la mejor designación que ha hecho y hará el presidente de la República, Ricardo Martinelli, en sus cinco años de gobierno.

*Empresario.lifeblends@cableonda.net