24 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El año de las vicisitudes de Honduras (I)

El Título II: de la Nacionalidad y Ciudadanía, en el Capítulo VI, de la Constitución de Honduras, en su Artículo 239, reza textualmente:...

El Título II: de la Nacionalidad y Ciudadanía, en el Capítulo VI, de la Constitución de Honduras, en su Artículo 239, reza textualmente: “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Designado”. “El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos, y quedarán inhabilitados por diez años para el ejercicio de toda función pública”.

Así se lo recordó el Tribunal Supremo Electoral al entonces presidente Manuel Zelaya, de cara a su anunciado Referendo encaminado a perpetuarlo en el poder. Zelaya, trocó la palabra referendo por encuesta, para crear una Asamblea Constituyente con miembros de su predilección, mientras cerraría el Congreso, despejando la vía a su reelección. Encargó la tal encuesta al Instituto Nacional de Estadísticas, que es del resorte directo de la Presidencia, pero, al que por Constitución no le puede corresponder tal misión; y para afianzar la faena, le exigió a las Fuerzas Armadas su amparo. Fue entonces cuando el general Romeo Vásquez V. jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA, se pronunció en desacato a la inconstitucionalidad; Zelaya, lo destituyó. Consecuentemente, el ministro de la Defensa, E. Orellana, y los jefes de las fuerzas aérea, naval y ejército, renunciaron.

Los cinco miembros de la Corte Suprema, votaron por la nulidad de la destitución de Vásquez y ordenaron su restitución. Zelaya, violando otra vez el orden constitucional, ordenó su encuesta para el 28 de junio, el material de la encuesta, proveniente de Venezuela, fue decomisado por el TSE con el aval del Congreso Nacional, pues, violaba la Constitución, aun así, Zelaya sacó el material de la base de las FFAA, evidenciando el delito detectado por el fiscal general, Luis Rubí.

Toda insubordinación contra el orden constitucional republicano, es per se, un golpe de Estado. En consecuencia, la Corte Suprema dispuso a las FFAA detener al primer mandatario como lo establece la Constitución, y con el mismo acatamiento el Congreso Nacional posesionó a su presidente Roberto Micheletti, como nuevo presidente de la República.

Ante la lógica de estos hechos, los pronunciamientos externos de rechazo, específicamente el de la OEA, al nuevo gobierno hondureño, fueron desconcertantes, pues estaban legitimando las violaciones reiteradas de Zelaya, no solo a la Constitución hondureña sino a los artículos 3° y 4° de la Carta Democrática Interamericana, según los cuales, el poder debe ejercerse con sujeción al Estado de Derecho y respetando a cada uno de los poderes públicos.

Preclaras personalidades como el cardenal Rodríguez M., recomendaron a Zelaya abstenerse de regresar al país, y reclamaron a la OEA, además de vigilar elecciones, hacer seguimientos a los elegidos para que gobiernen fieles a los compromisos. Daniel López Carballo, ex jefe del Estado Mayor y reconocido caballero de la probidad, rogó que el nuevo gobierno y las FFAA no desecharan la credibilidad ganada durante años, propiciando las elecciones de noviembre, según la Constitución y tal como, por iniciativa propia y reiterada, lo prometió Micheletti. En efecto se celebraron las elecciones ante veedores del mundo entero y con la más caudalosa votación en la historia, los hondureños eligieron a Porfirio Lobo como su presidente, cerrando de manera contundente cualquier dilación o duda.

Era y es obvio que para el imperio bolivariano, con quien ya Zelaya se había casado, no podía perderse la coyuntura orquestada, de modo que sin soltar las orejas del señor Insulza, había que recurrir al todo vale, como el burdo sainete de violar el espacio aéreo hondureño con un avión civil de la venezolana Pedevesa, (YV1496) que, como lo grabó la Aeronáutica Civil, exigía el despeje del aeropuerto de Toncontín para aterrizar, pues les acompañaba nadie menos que el “ presidente ” de la ONU, y ante la negación firme de la autoridad, la tripulación insistió retadora, pero, la advertencia fue tajante: si intentan aterrizar, serán interceptados (término además de castizo, convencional).

Por último preguntaron con burla “ ¿qué entienden ustedes por interceptar? ”. Hay que reconocer que solo la mesura de las autoridades hondureñas evitó el desenlace bélico que desde Caracas se manejaba. Como colofón, Chávez, con simulada euforia y frustrado en su deseo de mostrar a los venezolanos el éxito de despilfarrar en la desestabilización de las democracias vecinas y en armamento, los petrodólares que tanta falta les hacen, recibió a los dos pilotos —que resultaron ser militares— con vítores de héroes, y exclamó para los medios que la operación había sido un triunfo, puesto que había demostrado su capacidad y la vulnerabilidad de Honduras.

Sigue mañana..

*Profesor.profesorhector@hotmail.com