28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Libertad de prensa

La relación entre el gobierno y los medios de comunicación se ha visto oscurecida por las últimas declaraciones del presidente de la Rep...

La relación entre el gobierno y los medios de comunicación se ha visto oscurecida por las últimas declaraciones del presidente de la República, Ricardo Martinelli, que calificó “de pacotilla” los noticieros de televisión. Reiteramos que históricamente la relación entre políticos y periodistas siempre ha sido conflictiva.

Muy pocos ponen en duda lo imprescindible que resulta el control que ejerce la prensa para el buen funcionamiento de una democracia. Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, escribió en 1787 que si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, no dudaría ni un momento en escoger una prensa sin gobierno. No obstante, la experiencia en el poder como presidente hizo reflexionar a Thomas Jefferson para decir después que el hombre que nunca lee un periódico está mejor informado que el que lo lee.

Es evidente que desde el poder los medios de comunicación son un fastidio, porque en su permanente búsqueda del balance, interfieren en la acción de los políticos. ¿Existe realmente una brecha entre las funciones que la teoría democrática asigna a la prensa y el ejercicio diario de su labor? El sistema democrático conceptualmente atribuye a los periodistas tres funciones básicas.

En primer lugar la prensa actúa como un guardián cuando denuncia los abusos de poder de los gobernantes. Es decir, los medios de comunicación son los ojos y las orejas del público. En el contexto de su función la prensa actúa cuando destapa información sobre las cualidades o historia de los políticos y particularmente de los candidatos, que de otra manera el electorado desconocería. Además, divulga cualquier intento de ocultar malos manejos desde la administración pública.

En segundo lugar, la prensa actúa como foro de ideas cuando proporciona un cauce de expresión para las diferentes voces que existen en una sociedad. En el contexto electoral, esta función supone el compromiso de facilitar el debate y dar lugar a que los candidatos puedan presentar sus ideas y programas de la forma más directa posible, para que los ciudadanos tengan acceso a las distintas alternativas por la que después pueden optar en las urnas. En el contexto de gobierno, la prensa permite al ciudadano que se escuche su voz cuando una decisión puede cambiar el curso de su vida.

En tercer y último lugar, la prensa debe proporcionar información útil para el ciudadano, esto es, cumplir con el derecho del público a conocer los temas que le afectan, lo que sucede en su comunidad o su país. En la campaña, cumplir con esta función significa que la prensa escrita y audiovisual deberá cubrir las cuestiones políticas, de modo que los votantes puedan entender qué está en juego y qué es lo que los candidatos proponen.

Es importante que nuestros dirigentes políticos entiendan que sin libertad de prensa no hay democracia y sin democracia no hay libertad de prensa. La censura oficial pone en peligro la libertad de prensa, de igual forma las presiones sobre los medios de difusión, la detención de periodistas e incluso el asesinato de periodistas y la reglamentación gubernamental constituyen elementos que conspiran contra la libertad de expresión. Las consecuencias de esta situación existente en muchos países son fatales. Si no hay libertad de comunicación, no puede florecer la economía y la cultura, y la sociedad, en definitiva, carece de futuro. La opresión de la libertad de prensa causa muchos estados patológicos en la sociedad.

Hay sectores de la sociedad panameña que sostienen que lo que se publica en los medios de comunicación, tiene una directa correlación con los altos índices de violencia que vive el país. Esta afirmación induce a los dirigentes a tomar medidas para regular los medios de comunicación y así disminuir la cobertura de hechos de violencia.

Olvidan los que así piensan que, según la teoría de la comunicación, los problemas no se resuelven silenciándolos. Al contrario, si se callan, su explosividad aumenta. Un comunicador de ideas y opiniones opuestas contribuye más a la integración social para la mayoría dominante que los que pudiera parecer a minorías que observan el proceso con mucha más distancia del poder. Además, para combatir un problema hay que conocerlo en toda su magnitud.

Nuestro país necesita un amplio debate sobre temas fundamentales, entre ellos el problema de la seguridad ciudadana. Los altos índices de violencia deben ser analizados en toda su complejidad y no buscar soluciones fáciles. Entender las diferentes clases de violencia que confrontamos, requiere una discusión multisectorial. Ello implica también discutir el papel de la prensa y su contribución a la solución de este problema.

El enfrentamiento entre el gobierno y los medios de comunicación es un error desde todo punto de vista. Lo que realmente necesitamos es un consenso nacional para enfrentar el grave problema de la inseguridad ciudadana.

*Ingeniero y analista político.blandonc@cwpanama.net