16 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El síndrome del yo-yo

A través de la historia se han presentado figuras célebres que han sido precursoras en esto del “yoismo”. Uno de ellos cuentan fue don M...

A través de la historia se han presentado figuras célebres que han sido precursoras en esto del “yoismo”. Uno de ellos cuentan fue don Miguel de Unamuno. Claro que cuando él decía “yo opino...”, había miles y miles de interesados en saber lo que opinaba. Era un hombre inteligente, que no pensaba tonterías, y cuyos artículos se seguían con avidez y respeto en muchos lugares del mundo. Aun así, a veces se volvía medio irritante. Un día, Ortega y Gasset, no aguantó más y dijo (medio en broma) que, junto con entrar en una reunión, don Miguel “echa en medio su ego, como quien suelta un ornitorrinco”.

Fue aquella una época bendita, en que se consideraba —mejor dicho, se sabía— que es de mal gusto andar haciendo ostentación del yo. Si alguien llegaba a caer en aquel pecado, hasta los chiquillos le coreaban un lapidario adagio—reproche: “El burro adelante para que no se espante”.

En nuestro país, pareciera ser que algunos funcionarios están más deseosos de venderse ellos mismo y se olvidan que como servidores públicos están ahí para ejercer una tarea determinada y que para ello la institución a su cargo cuenta con el personal e implementos necesarios para ejecutar dicha tarea. Es indispensable que el funcionario encargado de estas instituciones comprenda que ellos solos no podrían hacer nada, que cuentan con un equipo, y lo más importante no podemos confundir los bienes públicos con los de nuestra propiedad. Basta ya de referirse de los bienes públicos como suyos (mis carros, mi presupuesto, mis ingenieros...).

En la medida en que se refieran a esos bienes públicos como propios dejan una mala percepción y hasta parece que se está cometiendo un ilícito.

Supongo que para unos va a ser difícil, porque la arrogancia con que se comunican, orgullosos de sus capacidades, educación o posición social, creen tener un poder omnímodo en la institución pública. Al hablar de sí mismos, se cuidan siempre de autodestacar su presencia y habilidades por sobre los demás, con el propósito de ser reconocidos públicamente y, de ser posible, ser el centro de atención en toda ocasión y a la vez destacarse ellos mismos como los mejores funcionarios públicos o pensar que ellos solos son la institución, así como lo pensaba en su época el rey Luis XIV de Francia.

Hablemos menos de nosotros mismos y si es inevitable, hagámoslo de una manera más sutil, dando la sensación de que somos portavoces del sentir más común, utilice “ algunos creemos ”, en lugar de “ yo creo ”.. suena mejor, ¿no? o de “ la institución cuenta.. ”, por ejemplo. Y lo más primordial es reconocer que no se trabaja solo y que se cuenta con un gran equipo, gente capaz que es pieza fundamental en el éxito de los planes propuestos.

Algo tengo claro y lo expreso con palabras ajenas: “ hay que dejar de mirarse el ombligo, renunciar al yo, mirar al tú para vivir el nosotros ”.

*Abogado y radiocomentarista.montenegrodavid@hotmail.com