08 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El pecado de Joudry

Estoy forzada a referirme a este penoso episodio, porque durante dos años mi nombre ha sido zarandeado como parte del tema y puedo dar t...

Estoy forzada a referirme a este penoso episodio, porque durante dos años mi nombre ha sido zarandeado como parte del tema y puedo dar testimonio directo de lo ocurrido; peor aún, porque al cometerse lo que considero es una palmaria injusticia contra un individuo en particular, se corre el peligro de perturbar, a lo interno, la moral de la institución policial y, a lo externo, de avivar una percepción ciudadana de censura contra un organismo que necesita estar libre de toda mácula.

Los hechos no han sido controvertidos. Reposan —probados— mediante testimonios, documentos y peritajes que constan en expedientes levantados en tres investigaciones independientes realizadas por la Fiscalía Electoral, el Ministerio Público y la Contraloría, respectivamente, que aquí resumo.

Concluidas las elecciones del 2004, se recibió en mi oficina de campaña una llamada de la Dirección del Tránsito de la Policía Nacional —en aquel tiempo dirigida por Roberto Joudry— solicitando la donación de vallas publicitarias que había utilizado en la campaña electoral, para destinarlas a una campaña promovida por la Dirección del Tránsito de la Policía Nacional para prevenir accidentes de tránsito en las carreteras del país.

Fui la única de todos los candidatos del entonces Circuito 8-8 que respondió afirmativamente. Juzgué loable ese objetivo, acepté de buena gana colaborar con la institución, acordamos que la Policía Nacional me las devolvería en caso de necesitarlas para una próxima campaña electoral, y autoricé su entrega al camión de la Policía Nacional que pasó a retirarlas al taller que las había elaborado y donde se encontraban en ese momento.

Transcurridos cuatro años reclamé la devolución del material prestado y muy apenado, luego de seis meses de búsqueda infructuosa dentro de la Policía Nacional, el comisionado Joudry —ahora ascendido a director de Operaciones— me informó la imposibilidad de devolver las propias vallas prestadas, que efectivamente se habían utilizado como fue la intención. Se habían deteriorado o perdido con el transcurrir del tiempo y como miembro pundonoroso de una institución digna de credibilidad, su palabra empeñada lo obligaba moralmente a reemplazarlas, cosa que efectivamente hizo, aunque su valor no llegó al 10% de las originales. Le agradecí el ejemplar gesto.

Esos son los hechos: a la luz pública y comprobados en todos los expedientes levantados. Las vallas no fueron prestadas ni entregadas al comisionado Joudry a título personal como ahora se aduce falsamente. Fueron solicitadas a mi oficina desde un despacho oficial, entregadas con mi autorización a un vehículo oficial de la institución con un propósito oficial acordado, y efectivamente utilizadas en una campaña oficial; las devueltas fueron confeccionadas con fondos estatales, porque reemplazaban vallas originales prestadas a la institución estatal. No hubo mala intención por ninguna parte, solo sanos propósitos; no hubo dolo, no hubo mala fe, no hubo ni hay encubrimiento de ninguna índole. ¿Entonces?

Quise dejar constancia de los hechos para que se juzgue si existe mérito para acabar deshonrosamente con una carrera de 25 años. Irónicamente se trata de un oficial con formación policial egresado de una academia de policía. Así como se alega que el sistema democrático exige que también haya procesos democráticos a lo interno de los partidos políticos, considero que la Policía Nacional debe irradiar una imagen de justicia interna sin mácula ni arbitrariedades para merecer la confianza y el respeto que tanto necesita de la gente.

*Ex diputada de la República.mireyalasso@yahoo.com