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30 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

‘Viejos, mis queridos viejos’

Ayer fue el Día del Padre, pero de aquellos que hicieron honor a la misión responsable, noble y consecuente de ser padres. Decir, ‘mi vi...

Ayer fue el Día del Padre, pero de aquellos que hicieron honor a la misión responsable, noble y consecuente de ser padres. Decir, ‘mi viejo’, ‘viene el viejo’, ‘llegó mi viejo’ fue para mí motivo de singular satisfacción.

El término viejo tiene muchas connotaciones: Algunas veces lleva miel en los labios, otras encierra insulto, vejamen y desamor. En ocasiones porque el padre no hizo honor a su causa, otras porque los hijos no han tenido la calidad de buenos hijos. Aún cuando los hijos no tienen el derecho de juzgar a sus padres, tal hecho no escapa a la realidad de la vida.

En ocasiones, hijos han dejado de ver a su padre como tal, o han querido tenerlo escondido cuando ha mediado divorcio entre sus padres, con el propósito de dar una respuesta egoísta a los requerimientos de su madre. Tales hijos no merecen ser llamados hijos, sino engendros desagradecidos para con un padre que no solo les dio el ser, sino que también los convirtió en profesionales con lo que han llevado una vida decorosa.

Cuando escucho términos que han creado, sin razón, según mi punto de vista, ‘tercera edad’, ‘adultos mayores’, para mí la vejez llevada con dignidad es motivo de singular regocijo.

Si el primero de mayo alcancé los setenta y cinco años lo único que puedo decir es: Estoy viejo y me regocijo con ello, por lo que siento ridículo que se me diga adulto mayor o de la tercera edad. Señores, estoy viejo y ese hecho no lo pueden cambiar términos que tal vez fueron creados por individuos que no querrán que les llamen ‘viejo’ en su momento.

Las canas, las arrugas símbolos, por antonomasia de la vejez, tienen el significado de respeto, cariño hacia los seres queridos.

Las canas y las arrugas me recuerdan a mi abuelo, Ramón del Cristo, y papá Juancho, en quienes se vuelcan mis más hermosos recuerdos.

Mi niñez, al lado mi abuelo por largos años, simboliza el recuerdo de un ser ejemplar en la más amplia significación del vocablo. Llegado el momento de su partida, hoy después de sesenta y cinco años, su presencia se agiganta en dimensiones increíblemente grandes.

Mi padre, cuya presencia pude disfrutar durante tantos años, su ejemplo, su figura siempre enérgica fueron para mí motivo para aquilatar mi carácter en torno a lo que han sido siempre con virtual ejemplo los hermanos: Ramón del Cristo, Eusebio Antonio y Alejandro César Morales todos ellos dejaron una estela de honor indescriptible. A quienes, junto a mi padre, les rindo tributo de amor, de respeto y de admiración.

Padre, Abuelos y Tío Abuelo, un día del padre es para mí un ideario de recuerdos hermosos por siempre.

Reciban por siempre mi amor.

*EMPRESARIO.