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14 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Una más sobre boxeo

Soy un fanático del boxeo. Pero mi fanatismo tiene límites que riñen con los que promueven el boxeo entre menores de edad y soy intolera...

Soy un fanático del boxeo. Pero mi fanatismo tiene límites que riñen con los que promueven el boxeo entre menores de edad y soy intolerante cuando se trata de preservar la integridad física de un individuo. He leído la mayoría de los argumentos a favor y en contra del programa de boxeo para niños que la Alcaldía promueve bajo el título ‘Pelea por tu beca’, ahora con el apoyo de los concejales. La justificación primaria es que los participantes ya pertenecían a clubes de boxeo. Jesús Rosales, presidente de la Federación de Boxeo Aficionado, explicó en un medio local que ‘hay una serie de patrones a seguir para la práctica del boxeo por parte de los niños’. No pretendo detallar esos ‘patrones’ con los cuales el señor Rosales se justifica. Lo que sí sé es que cuando se da la primera campanada, el boxeador sale de su esquina con un solo objetivo: Dejar fuera de combate al oponente lo antes posible y a punta de puñetazos. Así es. La frase más común cuando suena la campana es: ‘acábalo’ (Take him out!).

La Asociación Médica Mundial recomienda que el boxeo sea prohibido, porque puede causar la muerte y produce ‘una crónica incidencia de afectaciones cerebrales’. Desde 1982, la Asociación Médica Británica (BMA, por sus siglas en inglés) ha sido una de las principales organizaciones a nivel internacional que se ha convertido en autoridad sobre los efectos negativos y perniciosos del boxeo, señalando que produce daños oculares y cerebrales irreversibles.

En 1991, once asociaciones médicas de diversos países, entre ellos Australia, Noruega, Suráfrica, Canadá y Ghana confirmaron su oposición al boxeo. Señalaron que ‘la tecnología médica moderna ha demostrado sin duda alguna los daños crónicos al cerebro por golpes recurrentes a la cabeza que experimentan todos los boxeadores, amateurs y profesionales’.

El reporte de la BMA detalla que entre 1990 y el 2007, 140 personas alrededor del mundo, entre ellas dos mujeres, habían perdido la vida como consecuencia de su actividad boxística. En 1995, Jimmy Murray murió después de una pelea con Drew Docherty. Murray se desplomó en el décimo segundo asalto y no se le suministró oxígeno hasta que llegó al hospital. Fue operado de urgencia, pero murió días después. El peso welter Emiliano Valdés de República Dominicana cayó en coma después de una pelea con el pugilista Teddy Reid en enero del año 2000. Murió dos meses después sin haber recuperado el conocimiento. En abril de 2005, la pugilista Becky Zerlentes fue golpeada por su contrincante con un recto de derecha sobre su ojo izquierdo en el tercer asalto. Cayó y nunca recuperó el conocimiento. Horas después falleció en el hospital.

Estos son solo algunos ejemplos de fatalidades que han ocurrido y que han sido documentados por la BMA. En el reporte aparece el pugilista panameño Pedro Alcázar, quien murió en julio del 2002, luego de su pelea con el mexicano Fernando Montiel. El caso del panameño, como dice el informe, es el ejemplo claro de cuando no se evidencian signos ni traumas visibles después de un pleito. Alcázar había ‘ido de paseo por la ciudad el día después de la pelea y se encontraba en su hotel preparándose para su viaje de regreso a Panamá cuando se desplomó’. Fue llevado al hospital en donde falleció.

En la reunión anual de representantes de la BMA en 1992 se pasó una moción que suscribía que: ‘Como siguiente etapa de nuestra campaña contra el boxeo, debemos buscar una prohibición en el boxeo en menores de 16 años’. La BMA ‘cree que los niños no son capaces de tomar decisiones racionales sobre los peligros del boxeo y que promocionar su participación es irresponsable y antiético’. Debería ser requisito que los padres participen con su consentimiento y tanto los padres como el boxeador deben ser ‘informados sobre los riesgos’.

El alcalde Bosco Vallarino llegó al evento en la tarde del sábado, 24 de julio, rodeado de las glorias del boxeo nacional, entre ellos el inmensamente querido Roberto ‘Manos de Piedra’ Durán, quien todos han señalado como ejemplo para promocionar las bondades del boxeo entre menores de edad. Durán inició desde muy joven en las lides del boxeo.

Lo que no quieren reconocer el alcalde y los que lo apoyan es que lo que tienen la mayoría de nuestros ex campeones son los aplausos y los vítores, pero sus vidas después del tinglado han sido un transitar cotidiano lleno de retos y vicisitudes en su salud física y su condición social y económica. Los que viven una vida decorosa después de haber sido boxeadores son la excepción, no la regla. Los que se hacen ricos y realmente viven bien a costas del boxeo no se atreven a calzar los guantes.

*COMUNICADOR SOCIAL.