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11 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

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El miedo incontenible

Nos dicen que el miedo es una emoción que deriva en un indómito sentimiento con el que a la vez se focaliza un peligro, que puede ser su...

Nos dicen que el miedo es una emoción que deriva en un indómito sentimiento con el que a la vez se focaliza un peligro, que puede ser supuesto o inclusive justificado y que dentro del enmarañado mundo del comportamiento, se ubica dentro de esa emoción primaria con la cual valora tanto la amenaza como el riesgo que se pueda correr. Esta manifestación se puede extender a una mayoría de animales que lo esotéricos justifican, porque dicen que el miedo lo provocan los arcángeles para proteger del daño a los irracionales. Para la mente plausible se manifiesta además de percibir un peligro, como una agitación molesta o el deseo de escapar o de ocultarse con los consabidos cambios fisiológicos provocados, especialmente en el sistema nervioso simpático.(1) Como apreciamos, hay situaciones en la mente que no podemos gobernar en el cuerpo.

En consideración a lo planteado sobre el miedo, tenemos que el afectado por el irreprimible temor ataca en defensa del acto que lo provoca como reacción, como una salida, lo que se puede confundir con la figura de la legítima defensa, aunque lo que se trate de hacer es enfrentar la situación que agobia como única salida si ya se han agotado las otras. El miedo lo tenemos que ver como una agresión injusta y de la cual no se puede contener ante la inexistencia de la protección legal que deben brindar las autoridades del ramo.

El miedo es una emoción que nos trastorna y en especial, si el que lo provoca lo hostiga o fustiga con amenazas e improperios, al extremo de tornar el ambiente en un lugar hostil y perturbador del ánimo ante el peligro real o imaginario que se anida frente al constante abatimiento, los temores crecen hasta un descontrol capaz de convertirlo en agresivo y peligroso. Por ciertos lugares se dice y repite que no hay enemigo chico.

Al de enfrentar a los peligros que provoca la coexistencia como el riesgo de convivir en una sociedad saturada de inseguridad como algo común. Si lo vemos por los avances tecnológicos, la movilidad mecánica es un supremo riesgo pese a que las leyes cacarean sobre las garantías individuales y sociales, pero si en otra latitud nuestro seguro social colapsara, un montón de jubilados o pensionados morirían de miedo, aparte de las necesidades o la incapacidad para coexistir que mataría a otro gran resto.

La enciclopedia libre Wikipedia explica esto del miedo desde los tiempos del Derecho Romano y reconocido un eximente putativo, propuesto por el pretor Octavio desde el año 79 a. C; y que fue denominada como acción ‘metus causa’, (causa de miedo) lo que entonces se repite en las siete partidas, en donde se invalida el pleito por declaraciones rendidas con miedo y en la actualidad el miedo es capaz de anular la responsabilidad criminal.

En el Código Penal, Texto Único, artículo 42, exime de culpabilidad a quien actúa circunstancialmente ‘Impulsado por miedo insuperable, serio, real e inminente de un mal mayor o igual al causado’, esto debemos aclararlo probablemente con un ejemplo, pero puede ser igualmente coaccionado o bajo una amenaza grave e insuperable si es actual y eminente de parte del tercero.

Pero si una persona está amenazada por alguien que intenta lesionarlo o causarle un daño incalculable y se toman todas las prevenciones para tratar de evitar el enfrentamiento, sin excluir el llamado a las autoridades, pero con todo y eso para entonces no desaparece la amenaza velada, se debe actuar personalmente para repeler la agresión.

Si lo vemos como legítima defensa tal y como lo establece el artículo 32 también del mismo Código mencionado en el aparte anterior, un sujeto no comete delito si se dan las siguientes condiciones: l. Existencia de una agresión injusta, actual o inminente de la que resulte o pudiera resultar afectado por el hecho; 2. Utilización de un medio racional para impedir o repeler la agresión; y 3. Falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende o es defendido. Aquí podemos observar que el ataque es imprevisto y de momento, pero al considerar la figura anterior, al estar saturados por miedo nos encontramos frente a una provocación constante, un temor permanente de lo que pueda ocurrir, si el agresor es reiterativo con su presencia o sus amenazas, aunque las manifieste gestualmente.

El miedo insuperable es relativo en cuanto a esos estímulos que provoca la amenaza de agresión sobre el sujeto pasivo y desagradado con probables reacciones motoras como temblor, huida, ataques convulsivos.(2) Todo esto se ancla en el sujeto día tras día y luego de evitar el enfrentamiento, se defiende.

*ABOGADO Y PROFESOR UNIVERSITARIO EN ESTA MATERIA.

cherrera255@hotmail.com

(1) WOLMAN, Benjamín. ‘Diccionario de Ciencias de la Conducta’. Editorial Trillas. México, julio de 1999. Página 309.

(2) WARREN Howard. ‘Diccionario de Psicología’. Fondo de Cultura Económica. Décimo novena edición México. Página 228.