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04 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Redobles de tambor en Ecuador

Las imágenes transmitidas al mundo por la TV nacional de Ecuador eran impactantes, evidenciaban claramente un atentado a la democracia d...

Las imágenes transmitidas al mundo por la TV nacional de Ecuador eran impactantes, evidenciaban claramente un atentado a la democracia de este humilde y valiente pueblo, que ante semejante vejamen al régimen constitucional, salió a las calles a proteger a la democracia a costas de su propia vida.

Eran más que evidentes las miles de personas que se congregaron en el palacio presidencial en Quito y su movilización al Hospital de la Policía, donde estaba secuestrado el presidente Correa, para protegerlo y rescatarlo de las garras de un minúsculo grupo, que añora el poder del sable y la bayoneta, que perseguía inicuos y malintencionados intereses de asirse del poder presidencial por la fuerza.

La nueva generación de militares ecuatorianos dio una gran lección al mundo entero, incluso a aquello que pensamos en su posible participación en la insurrección del pasado 30 de septiembre, pues, por sobre todo declararon su sumisión al poder constitucional electo por el sufragio popular. Esta posición se vio incluso fortalecida cuando hicieron uso de la fuerza, no para asegurar el golpe de Estado, sino para rescatar el presidente de la República.

Algunos analistas han criticado el manejo que dio Correa al problema inicialmente; sin embargo, pienso que este pretendió lograr apaciguar la original protesta, devenida en golpe de Estado, con su intervención directa, pero el irrespeto y agresión de que fue objeto hizo aflorar el temperamento de Correa, quien vio un desafío, no a Rafael Correa, sino a la majestad del poder constitucional ecuatoriano.

El mundo entero criticó duramente el intento insurreccional, dio su respaldo al gobierno democráticamente elegido y rechazó el atentado directo a la vida de un presidente, hecho este que demostraba la intolerancia de los gobiernos democráticos a golpes de Estado, civiles, militares o policiales. Nadie en su sano juicio, por más odio o desavenencia política que sienta contra Correa, aplaudiría que se diese un retroceso en los avances democráticos que ha dado Ecuador en los últimos años. Rafael Correa ha salido fortalecido de esta vorágine, demostrando tenacidad y valentía frente estos hechos.

Pero lo que constituye la moraleja de este amargo episodio, es que se hace necesario que los sectores representativos del Ecuador traten de conciliar sus posiciones en bien de la democracia.

*ABOGADO.