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20 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

De estudiantes, deportistas, obreros y jubilados

El gobierno de Ricardo Martinelli goza de un alto porcentaje de aceptación popular, con mediciones que lo muestran arriba del 68% invari...

El gobierno de Ricardo Martinelli goza de un alto porcentaje de aceptación popular, con mediciones que lo muestran arriba del 68% invariablemente. Para un observador objetivo, el gobierno lo debe estar haciendo bien. Sin embargo, las últimas semanas ese mismo observador hubiese visto sectores importantes de la población en manifestaciones contra medidas tomadas por el gobierno o luchando por nuevas conquistas de su sector. Si no conociese al panameño, me preocupara. Pero siendo panameño, me conozco y conozco su conducta. No importa lo que le des al pueblo, el pueblo quiere más. Nada es suficiente para quien se cree lo merece todo.

Esos estudiantes que cerraron las vías, que vandalizaron autos y propiedad privada, han recibido en un año de gobierno, útiles escolares gratis, uniformes gratis, la promesa iniciada ya de una beca o subsidio universal (a todos por igual), promesa de una computadora y la reparación de escuelas, así como construcción de nuevas instalaciones. Entonces, en lugar de pagar con más estudio, salen a protestar.

Los deportistas panameños tienen hoy mejores instalaciones deportivas, mucho más apoyo oficial, algunos deportes inclusive el compromiso presidencial de apoyarlos para lograr avanzar internacionalmente. Se organizaron y dieron juegos centroamericanos en el país, y, resultado, una lucha egoísta y personal por el control del Comité Olímpico Panameño nos saca de carreras de los Juegos Bolivarianos y adicionalmente peligra inclusive la participación panameña en juegos internacionales.

El obrero panameño, beneficiado con el mayor aumentos salarial en cuanto al salario mínimo de toda nuestra historia, no parece satisfecho de los logros y sigue en posición de alerta frente al gobierno, así como solidario en todas las causas que surgen de oposición. Por último, lo jubilados, que lejos de agradecer los cambios en atención médica de la Caja de Seguro Social, sin aplaudir la intención de construir un moderno y completo nuevo complejo hospitalario, sin considerar la justicia social detrás de los 100 a los 70, insisten en cierres de calles por aumentos de pensiones.

En resumen, no importa lo que des y regales, el pueblo pide más. Y mientras extranjeros y visitantes nos felicitan por el crecimiento económico, mientras recibimos la admiración de propios y extraños por nuestra arquitectura, nuestra modernización, los panameños seguimos quejándonos de los males de siempre, costo de vida, seguridad, corrupción, incapacidad administrativa. Y tendremos Metro y Metrobús, tendremos cadena de frío, tendremos vías ampliadas en el interior, pero tendremos igual estudiantes, obreros y jubilados protestando, y pronto se sumarán educadores, médicos y enfermeras, producto de una idiosincrasia muy panameña, la cultura del salve.

El panameño ha generado una cultura curiosa, mezcla del juegavivo con el salve. La aplica para con funcionarios y políticos, donde es bueno el que lo ayuda y pésimo el que lo rechaza. Esa característica es la que hace difícil a los gobernantes entender su verdadera opción. Red de Oportunidades, Prodec, becas, la inversión social de cinco años no sirvieron de nada al PRD en las elecciones del 2009. La popularidad y aceptación del gobierno de Martín Torrijos estaba por el 65% al final, pero en las urnas se convirtió en el 37%.

Por eso yo insisto en que los gobernantes no deben hacerlo en función de partido, deben gobernar en función del país, con los mejores panameños, sin buscar con su gestión popularidad ni continuidad, solo impulsar proyectos y desarrollo convenientes al país y que puedan de esa forma ser mantenidos y mejorados por sus sucesores. Temas como la educación, salud, vivienda, seguridad, son temas de Estado que requieren planes a largo plazo. Como lo hemos hecho en temas económicos, como el Canal, la banca, seguros, Zona Libre, la construcción y ahora turismo. En esos temas los gobiernos mantienen una misma política, periodo tras periodo. De no estar politizado un gobierno, mantendría el personal capaz e idóneo en sus puestos sin necesidad de caer en el partidismo con los nombramientos. Lentamente, el gobierno podría abandonar los subsidios y cambiar la cultura del panameño hacia un panameño productivo, trabajador y no esperanzado en recibir sin merecer las cosas, donde lejos de producir y sin siquiera agradecer, más bien exigen más y al final critican al mecenas. Solo entonces podremos aspirar a subir al primer mundo.

*INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.