En un abrir y cerrar de ojos se nos fue el 2025, dejó buenos y tristes recuerdos, nos dejó muchas sonrisas y demasiadas lágrimas en su rápido pasar. Aún no nos recuperamos del alza de los precios de la canasta básica, aún no nos adaptamos a vivir sin agua y sin luz, menos a vivir entre balas, drogas y capos. Aún no nos dan los medicamentos en el Seguro, sigo buscando empleo, sin sencillo para pagar el bus y ni siquiera para comerme una hojalda con salchichas.

Nos dejó un Panamá sitiado y alerta por las bravuconadas de Trump, con Mariner entrenando y corriendo por todo el país, con países hermanos que se preparan para cualquier intromisión bélica en su territorio.

Tenemos un Estado sin bandera política, con total control en el órgano judicial y legislativo, con apoyo militar y sin ningún apoyo popular. Un Estado que acabó con las organizaciones que lideraban las protestas populares. Sin embargo, la economía crece, aunque este crecimiento no genera empleo ni mejor bienestar social para el pueblo. La educación aún espera reformas modernas que nos conecte con la dinámica del mundo económico globalizado.

Sin pedirlo entramos en la contienda que se da en el liderazgo que dinamiza el Nuevo Orden Económico Mundial, nos presionan por tener conexiones comerciales con China, por visitar Taiwán, por pedir el cese del embargo a Cuba, Venezuela y Nicaragua, por condenar el genocidio que se da en Gaza. Impondremos siempre nuestra neutralidad política y económica y condenamos cualquier intromisión foránea en los pueblos.

Deseamos que las reformas que se dan en los partidos políticos tradicionales conecten nuevamente al pueblo con los objetivos fundamentales e ideológicos de cada partido político tradicional o movimiento político. Deseamos que en el 2029 se den unas elecciones prístinas y democráticas, acabando con el clientelismo y el juegavivo.

Esperamos que el 2026 trate de resolver tantas interrogantes incumplidas que nos dejó el 2025, que por fin llegue el “chenchén”, que se den nuevas y grandes inversiones en la economía que nos genere más empleo, que tengamos mejor servicio de salud y medicamentos, que todos confiemos y nos sintamos representado en el ejecutivo y legislativo.

En fin, queremos dormir tranquilo y en paz, sin trasnocharnos pensando por el desayuno de mañana, por el pago de las pensiones, por la compra de los cuadernos y zapatos escolares, por sacar el collar de la peña, por no ser blanco del sicario del barrio, por pagarle la cuenta al chinito del super, por tener para comprar un dulce para el cumpleaños de la compañera y tomarme unas frías tranquilo y sin apuro.

En fin, esperemos que el 2026 nos traiga mejores tiempos económicos y políticos, sin importar para donde se enrumbe el Ejecutivo, que el legislativo retome su deber representativo popular y que el judicial no parcialice más la ley. Queremos un 2026 sin luchas en las calles, sin perdigonazos ni bolillazos, con medios informativos que nos den espacio para expresar nuestras ideas, con que no desaparezca la clase media, que se logre una mejor y justa distribución de las riquezas, que no nos despertemos sin esperanza, no todo es un sueño irreal, algún día, con lucha y empeño, viviremos con dignidad, felices y en paz.

No podemos esperar hasta el 2029 para elegir un gobierno justo, democrático y popular, esto se podrá lograr si hay un trabajo constante y diario con las bases populares en un partido político democrático, justo y representativo del pueblo, es un trabajo duro, arduo, pero hay que hacerlo, solo así tendremos los cambios que todos necesitamos para un mejor bienestar social de esta y las nuevas generaciones.

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