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03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cada Torrijos tiene su Noriega

En 1968 el panameño Omar Torrijos Herrera revivió la estrategia de Juan Domingo Perón, de darle barniz populista y nacionalista al tradi...

En 1968 el panameño Omar Torrijos Herrera revivió la estrategia de Juan Domingo Perón, de darle barniz populista y nacionalista al tradicional militarismo latinoamericano.

Un populismo soez cuyas características son revanchismo, irrespeto hasta por lo más sagrado, abuso desde el poder, y por sobre todo una vulgaridad penetrante que pervade todas las facetas de la vida nacional. Es una variedad atorrante de socialismo, cuya variopinta manifestación se congregó hace poco en Plaza de Mayo.

Cuando viene del sector militar expresa la bajísima autoestima de algunos oficiales salidos de lo más modesto del ‘lumpen’. Aquellos, cuando son incapaces de superar su condición originaria, pretenden por la fuerza rebajar todo a su mismo nivel.

También refleja la frustración existencial de algunos sectores castrenses poco útiles, rara vez heroicos, y sin gloria; cuya cotidianidad se reduce a labores de policía y conserjería.

El régimen de Torrijos —como el de Velasco Alvarado en Perú— adoptó un vociferante barniz ultra nacionalista para encubrir una tiranía primitiva y hueca de contenido intelectual. Un nacionalismo gorilesco que se bate el pecho para proyectar ferocidad a partir de un profundo complejo de inferioridad. Vomitan insultos para compensar el vacío de ideas.

A la postre toda aquella fanfarria nacionalista terminó en tapadera para los intereses del narcotráfico, que encontró en el sistema corrupto y arbitrario de los militares panameños un perfecto asiento para sus operaciones financieras.

Así comenzaron a lucrar oficiales que —profesando perruna lealtad a Omar Torrijos—, aprovecharon aquel río revuelto para meterse de pies y cabeza en aquella lacra de nuestros tiempos.

Un buen día sorpresivamente desaparece Torrijos bajo circunstancias algo misteriosas; se consolida Manuel Antonio Noriega, e intensifica aquel aspaventoso desafío que al mundo entero proclamaba ‘dime qué presumes y te diré qué careces’. Ya se sabe el final.

Los Torrijos de este mundo siempre atraen ese tipo de oficial para imponer sus atropellos, pues no consiguen nadie decente que les acompañe. Noriega profesó lealtad inquebrantable al Máximo Líder hasta que llegó la hora de reemplazarlo. Tipificó los que van aceptando un dedo y a la larga se cogen la mano, el brazo y el cuerpo entero.

Todo eso lo vio el astuto abogado que supera medio siglo como amo y señor de su isla. En lo que apareció un Arnaldo Ochoa no lo ascendió a Generalísimo: Lo fusiló. Porque al Torrijos más pinto le sale su Noriega entre tanto alacrán que carga en los calzoncillos.

*COLUMNA QUE PUBLICO CADA DOS JUEVES EN EL UNIVERSAL (CARACAS), NOTITARDE (VALENCIA), EL IMPULSO (BARQUISIMETO), LA NACIÓN (SAN CRISTÓBAL), Y OCASIONALMENTE EN EL TIEMPO (PUERTO LA CRUZ). COLUMNA PUBLICADA EL JUEVES 18 DE NOVIEMBRE DE 2010.