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13 de Apr de 2021

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

Carta desde La Joya

He conversado con los abogados del Sr. Porter y pude constatar lo expresado por él.

Carta desde La Joya
Pie de foto.

‘En mayo del 2013, en tránsito por Panamá hacia Bahamas para visitar centros oncológicos a los que estoy relacionado como oncólogo, fui detenido por solicitud de las autoridades del Canadá. Aunque sabía de la orden de detención por autoridades de Quebec, nunca fui notificado de las mismas. Desde esa fecha, soy un recluso en la cárcel de La Joya. Aunque no soy un detenido, no he cometido ningún delito en Panamá, me mantienen en detención preventiva sujeto a trámites de extradición.

A través de mis abogados en Panamá, presentamos formal denuncia de las violaciones de mis derechos humanos en el sistema panameño carcelario ante las Naciones Unidas. Desde el día de mi arresto notificamos a las autoridades del aeropuerto, luego a la policía y luego a los custodios mi condición de enfermo de cáncer, entregando copia de mi expediente médico. Desde enero del 2013, fui diagnosticado tanto en Bahamas como luego en Londres, con un adenocarcicoma en el pulmón izquierdo, que luego hizo metástasis al sistema linfático, hígado y huesos de la pelvis. En otras palabras, estoy en la etapa IV de cáncer que normalmente es terminal. Recibía tratamiento de quimioterapia y radioterapia. Cuando fui arrestado recibía quimioterapia dos veces por semana. El tratamiento era complejo y debía continuarlo al llegar a Bahamas.

Desde mi arresto, ya hace 10 meses, a pesar de que los médicos de la prisión conocen el caso, NO ME HAN DADO ningún tratamiento. No me han llevado al Oncológico a seguir el tratamiento, no permitieron siquiera que mi doctor de Inglaterra, profesor Karol Sikora, me visitara, en dos ocasiones que vino a Panamá, quien gracias a Dios me ha estado enviando un tratamiento alterno.

El profesor Sikora visitó el Hospital Oncológico, informó de mi situación y dejo copia de mi cuadrícula, haciendo lo mismo con las autoridades carcelarias. Sin embargo, todo ha sido por gusto. Como oncólogo que soy, jamás podría yo justificar esta clase de tratamiento a una persona enferma de cáncer, detenida o no. Mi autotratamiento no podrá ser jamás efectivo si me guío por síntomas y sin exámenes ni atención debida. Admito que he visto en la cárcel cómo no son atendidos casos de detenidos con malestares y enfermedades y he podido ayudar a algunos por mi profesión médica.

No soy abogado, pero me enteré que en este país los Habeas Corpus se deben resolver en 24 horas. Sin embargo, presentamos uno y llevamos seis meses esperando su fallo. En sus leyes, igualmente, si un detenido no puede ser atendido en la enfermería de la prisión, debe ser trasladado a un hospital; sin embargo, yo que ni siquiera soy detenido por delito aquí, no he podido ir a ninguno. Mi delito fue la supuesta influencia que utilicé para que las facilidades médicas de la Universidad de McGill construyera un megacentro que luego consideraron innecesario.

Desde que salí de Canadá, en el 2011, he sido objeto de muchas acusaciones y especulaciones por haber sido el ‘Chairman’ del Consejo de Seguridad e Inteligencia del gobierno del Canadá, por mis múltiples viajes y mi lealtad a mi país de origen y ciudadanía.

Hoy, sentado en esta cárcel, sin atención médica y con una prensa canadiense difamándome, he llegado a la conclusión de que la presunción de inocencia no existe y los sistemas penitenciarios son infiernos dirigidos por personas sin ninguna sensibilidad por la vida humana.

Hace un año, en Bahamas, cuando se me dijo que podría vivir poco más de 18 meses, inicié un libro sobre mi vida, ya está casi terminado con mi asistente escritor, donde dejaré claros todo lo ocurrido, y con capítulo especial sobre La Joya y el sistema panameño, donde he sido víctima como el más peligroso criminal y sin haber siquiera cometido un delito aquí y no haber sido juzgado o condenado en Canadá tampoco. Sinceramente, Arthur Porter’.

He conversado con los abogados del Sr. Porter y pude constatar lo expresado por él. Conversé con dos oncólogos a los que se les llevaron sus cuadrículas y que conversaron con el Dr. Sikora, ambos confirman que el señor requiere de tratamiento hospitalario por los meses que le restan de vida. Personalmente, dudo de que las autoridades canadienses objeten que reciba tratamiento médico, sus leyes son más humanitarias que las nuestras.

Algo anda mal en nuestras prisiones, siento que quienes tienen la responsabilidad de los detenidos no pueden seguir pensando que su responsabilidad es asegurarse de que no se escapen. Tiene que incluir el asegurarse del bienestar del reo, máxime si no ha sido condenado en Panamá y, más aún, si ni siquiera ha cometido delito aquí.

ANALISTA