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14 de Apr de 2021

Adán Castillo

Columnistas

¿La segunda guerra fría?

La Historia y los pueblos acabarán por pasarle la cuenta a quienes intentan cambiarla a la fuerza...

Los juegos Olímpicos de invierno en Sochi, resultaron para el resto del mundo un espectáculo plausible de ver, en el que Rusia, el país anfitrión, dominó el medallero, pese a no tener esa cobertura tan amplia y suficiente cuando se hacen en otros países; sin embargo, el presidente de Rusia puso todo su empeño y dedicación para evitar todo acto que empañara el evento, que fue un éxito organizativo y se saldó sin controversias extradeportivas.

No obstante, resulta curioso que en esos días, terminados los juegos de invierno, estallara una ‘rebelión’ en Ucrania, sobre el gobierno legítimamente constituido y con la posibilidad de desestabilizar toda Europa, principalmente del Este. El levantamiento, apoyado por la mayoría de los países que componen la OTAN y su principal gestor, pone en jaque y amenaza, no solo la defensa de Rusia, sino que intenta acorralarla en sus fronteras, al constituirse UCRANIA y su gobierno de facto, en parte o aspirante a la Unión Europea (UE), y en el peor de los casos a la OTAN, que se ha convertido en una organización, más que militar, política.

El 21 de noviembre de 2013, el gobierno ucraniano renuncia al acuerdo de asociación negociado con la UE. La oposición (ahora formada y dirigida por la líder Timoshenko, encarcelada por abuso de poder, pero recibida por Merkel), responde a esa decisión con una serie de manifestaciones en Kiev y en la parte occidental del país, manifestaciones que rápidamente toman un cariz insurreccional, exigiendo la oposición elecciones legislativas y presidenciales anticipadas, pero negándose a formar un gobierno cuando el presidente Yanukóvich (lastimosamente corrupto), le propone hacerlo. Ya para entonces, algunas organizaciones e instituciones de occidente habían bautizado las manifestaciones como ‘Euromaidan’ y, posteriormente, como ‘Eurorrevolución’ y con presencia y conocimiento de causa de los europeos, la Suprema Rada (Parlamento) de Ucrania da un golpe de Estado el 22 y el 23 de febrero de 2014.

En esos meses sucede en ese país una serie de revueltas, marchas del partido nazi Svoboda [Libertad] en memoria de Stepan Bandera (1909-1959), el líder nacionalista que luchó contra los soviéticos aliándose con los nazis, con consignas claramente antisemitas y en contra de personas de origen judío, asunto que no ha sido tratado ni analizado por los defensores de los derechos humanos, ni de ONG, ni por algún representante de la comunidad hebrea.

Bajo la excusa de defender la democracia, respetar los DDHH y tratados internacionales, la opinión pública mundial observa erróneamente, mejor dicho Europa, la crisis ucraniana como simple rivalidad entre occidentales y rusos (inicio de la segunda guerra fría), pero como expusimos en párrafos anteriores, lo que se intenta es disminuir la influencia de Rusia sobre esa región y ante todo que Ucrania se incorpore a la UE, privando a éste de uno de sus socios históricos y, como es lógico, la reacción no se hizo esperar de parte de Putin, en cuanto a las maniobras y reacción militar sobre Crimea y su principal puerto naval de Sebastopol y aún más auspiciando un referéndum en pocos días, para decidir sobre su soberanía y posterior unión a Rusia, cedida en tiempos de Kruschev a Ucrania, similar situación con la regiones de Abjasia y Osetia de Sur, en la corta guerra con Georgia.

Resulta interesante que, en esos momentos, también se haya dado una serie de manifestaciones en la República hermana de Venezuela, que, por cierto, apoyó a Panamá en su momento en su lucha de reivindicación soberana sobre la llamada Zona del Canal, a través de Carlos Andrés Pérez.

La Historia y los pueblos acabarán por pasarle la cuenta a aquellos que intentan cambiarla a la fuerza, por motivos políticos y egoístas, con el único objeto de una hegemonía absurda para controlar regiones, recursos naturales e influencia, contradictoria a las fuerzas sociales que determinen el rumbo que debe seguir cada pueblo o nación para el desarrollo de sí misma.

ABOGADO