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23 de Jan de 2021

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

¿Hasta cuándo en Educación?

Es un acto criminal abandonar las aulas y dejar en la más absoluta desatención a los jóvenes que asisten a los espacios escolares.

Cada vez que aparece cualquier asunto que a criterio de las malogradas dirigencias de los gremios docentes constituye una ‘afectación a sus intereses’, elevan el grito al cielo, y montan en cólera sin importarles la suerte de los más vulnerables del proceso educativo: los estudiantes.

Es un acto criminal abandonar las aulas y dejar en la más absoluta desatención a los jóvenes que asisten a los espacios escolares en busca de conocimientos. Es un contrasentido en todos los términos hablar de calidad de la educación sin un proceso que permita evaluar todos los factores que intervienen en el mismo. Toda actividad humana tiene necesariamente que ser examinada.

Las nuevas tendencias de la educación a todos los niveles, entre una de las tantas, observa con muchísima atención el asunto de la acreditación. Y es que acreditarse es certificar que se cumplen con todas las exigencias y con todos los requerimientos desde lo físico-estructural, lo curricular, lo metodológico, lo pedagógico, lo docente, lo investigativo, etc., para el sostenimiento de la sociedad del conocimiento a la cual asiste el mundo moderno de hoy.

Darle la espalda al proceso de acreditación que pasa —también— por la consideración que tiene que hacerse sobre: ¿quién enseña?, ¿cómo enseña? y, ¿con qué enseña?, es sencillamente desconocer la importancia de la labor docente, su naturaleza y su trascendencia.

La educación tiene que someterse permanentemente a procesos evaluativos que permitan aprehender sus complejidades y reconocer sus falencias y fortalezas. El papel de los gremios docentes debe ser el de coadyuvar con el desarrollo de la educación, sin que eso signifique entregarse a los que gobiernan, como tampoco situarse a favor de los que los adversan.

Pero pareciera ser que con agendas políticas propias los gremios docentes están apostando a todo, menos a la educación y sí mucho a la mediocridad.

El paro de advertencia de los educadores es una clara manifestación de que a los gremios nada les importa con la suerte de los estudiantes, sus cantos de sirena en favor de la educación se pierden en el ambiente, porque muy en el fondo está la necesidad del protagonismo y de las posiciones políticas que en nada benefician a la educación.

Cualquier incremento salarial a los educadores tiene necesariamente que estar condicionado a una producción académica de excelencia. Siempre he preguntado respecto a los índices elevados de fracasos escolares todos los años, contrario a la ‘evaluación’ del docente altamente satisfactoria.

El Ministerio de Educación expone cifras alarmantes de deficiencias escolares proponiendo fórmulas con las llamadas reválidas que al final no resuelven nada. No obstante, no hay indicadores públicos sobre los fracasos de los educadores resultantes de una pésima evaluación.

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