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22 de Jan de 2021

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Redacción La Estrella de Panamá

Columnistas

Sobre la regulación de la prostitución

Para mí es ridículo y criminal que nuestra sociedad acepte la prostitución como una opción vocacional saludable

A través de reportajes en distintos diarios de la localidad, se ha informado de la conformación de una mesa de trabajo sobre los derechos de las ‘trabajadoras sexuales’ de Panamá, y de la elaboración de un proyecto de ley que busca regular la prostitución y brindar a sus ‘trabajadoras’, garantías para que sean respetados sus derechos.

Algunas organizaciones femeninas defensoras de las ‘trabajadoras sexuales’ y del comercio sexual, han señalado que las alternadoras sexuales son víctimas de la trata de personas, y que el ‘trabajo sexual’ es igual a cualquier otro trabajo, por lo que piden poder laborar de forma digna.

Para mí es ridículo y criminal que nuestra sociedad acepte la prostitución como una opción vocacional saludable. La prostitución es una deshumanizante violación de la dignidad humana que devalúa todo a su alrededor, ya que ‘normaliza’ la venta de seres humanos, y también ‘normaliza’ el ‘derecho’ de los hombres al cuerpo de las mujeres, y por lo general es controlada por elementos criminales y despóticos de la sociedad.

La prostitución es también una profesión peligrosa. Las prostitutas son violadas y abusadas rutinariamente. Su esperanza de vida, debido a las enfermedades y los peligros inherentes a su ‘profesión’, son más cortas que las de las personas promedio. La mayoría de ellas experimentan violencia física; vienen de la pobreza y normalmente, permanecen en la pobreza; para esta norma hay muy pocas excepciones.

La prostitución también degrada el ‘estatus’ de todas las mujeres al afirmar la patología de asociar el sexo con propiedad y pecunia, y socava ese establecido estado legal que dicta que los seres humanos no pueden ser comprados ni vendidos. Por otra parte, hay una abrumadora presencia de enfermedades de transmisión sexual en la industria sexual comercial y clandestina.

Pero es obvio para muchos que la hipocresía y las acciones irreflexivas y desconsideradas, a menudo ocultas debajo de la superficie por estos llamados ‘sexpertos’ nacionales e internacionales, cuyos esfuerzos en pro de justicia, de rectitud, derechos y equidad, no pasa la prueba de la sinceridad, al estar ansiosos en condonar, como una práctica y conducta inocua, el tráfico y la victimización de mujeres y niños para la explotación sexual con fines comerciales.

Muchas de estas personas viven en condiciones penosas, cuya característica predominante es la violencia, el alcoholismo, la drogadicción y abuso sexual; además, muchas viven bajo instancias de servidumbre por deudas y confiscación de sus documentos de identidad y de viaje para poder controlarlas, en pocas palabras, bajo esclavitud sexual.

No trato de ser irónico, simplemente trato de demostrar la calidad moral reprensible de ese pensamiento maquiavélico, tanto por funcionarios del gobierno como por otros grupos organizados.

El consenso general de nuestra sociedad es que hay un costo, un riesgo y un estigma asociado a la prostitución que es mucho mayor que las recompensas.

Muchas mujeres jóvenes, atraídas a la prostitución con engaños, simplemente se encuentran atrapadas en una industria sexual secreta igual al comercio de esclavos, impulsado por las ganancias monetarias a costa de gente impotente e incapaz de encontrar una salida.

¿Debe la prostitución ser considerada como una actividad de derechos humanos, tanto para comprar como para conseguir sexo? Nadie sueña en ser una prostituta, o deriva placer o siente orgullo en serlo, pero para muchas mujeres jóvenes, el ‘trabajo sexual’ sigue naturalmente a la explotación sexual infantil al que fueron sometidas y del incesto o abuso sexual, una de las más inhumanas consecuencias de la prostitución.

Las evidencias revelan que la gran mayoría de las prostitutas quieren dejar la prostitución si se les ofrece una puerta de salida o una oportunidad de trabajo legal para así poder dejar de ejercer una prostitución de supervivencia.

Pero regular la prostitución con leyes especiales para que las mujeres en el oficio se sientan protegidas y a salvo del peligro, en un terreno donde el instinto animal y las pasiones irracionales de las personas son altas y peligrosas, y para evitar arbitrariedades y discriminación, que es la meta de la mesa de trabajo que elabora la ley, es un gran absurdo. La dignidad femenina está en entredicho.

Clarence King