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21 de Jan de 2021

Gisela Pérez – Polo

Columnistas

Los trapos sucios se lavan en casa

Los trapos sucios se lavan en casa, solía decir mamá Beba, mi amada abuela

Los trapos sucios se lavan en casa, solía decir mamá Beba, mi amada abuela. Matrona de la familia. Esa era una regla de oro. Siempre lo hicimos así, y nuestros problemas los resolvíamos entre nosotros. Llegabamos a un arreglo luego de una discusión, una reprimenda, un castigo, y para afuera, no había pasado nada. Las travesuras no se volvían a cometer y enmendábamos con creces lo que habíamos hecho. Qué familia tan sólida y bonita ha sido la Pérez Valdés–Polo Marciaga.

Pero cuando a alguna se nos ocurría ir a la casa de la vecina y conspirar contra una hermana, o desobedecer a los mayores en público, nos asoleaban en público, como se dice en buen chitreano. Además de darnos con el ‘Matías Moreno’ delante de quien sea. Nos daban una reprimenda que jamás se nos volvía a ocurrir cometer semejante acto de rebeldía contra los mayores. ‘Matías Moreno, quita lo malo y pone lo bueno’, era un cuerito que mandaban a hacer a Monagrillo, el cual era cortado en delgadas tiras, sujetadas a un mango de madera, que era por donde mamá Beba o mi mamá lo empuñaba entre su mano y nos daban con los rejitos. Era más lo que picaba, que lo que dolía, pero la sanción moral era inolvidable.

En aquellos tiempos, no habían maleantes, ni niños resentidos con sus padres. Todo lo contrario, los hijos amábamos a nuestros padres, nuestros abuelos eran lo más sublime que teníamos y la familia extendida era parte de todas nuestras actividades.

Haciendo una analogía y remontándome al último quinquenio, la bancada del PRD se dedicó a desconocer la autoridad del CEN. Algunos diputados miembros del CEN no iban siquiera a las reuniones.

Desafiaban públicamente al Secretario General y votaban como les convenía, irrespetando a la voluntad popular que los eligió para ser consecuentes con los lineamientos del partido que, en aquel entonces, todavía era de corte popular.

Un diputado se fue de viaje con Ricardo Martinelli a Europa. A otro diputado que el gobierno le había cerrado todas las llaves de sus negocios en Bocas del Toro, misteriosamente se las abrieron y el diputado cambió diametralmente su posición política. Otros, en contra de la decisión del CEN, votaron por la segunda vuelta. Nos estaban entregando al partido.

El actual Secretario General era uno de los propulsores de la rebelión. Pero después de aquel oscuro congreso de agosto del 2012, donde se practicó el nocivo clientelismo político, se promovió el irrespeto al Presidente de nuestro partido; en aquel entonces, copartidario honorable que ha dejado parte de su vida en el PRD, y se menoscabó la dignidad de la membresía, porque pudo más el dinero y la persuasión, que el orgullo torrijista que nos había caracterizado. Pero ahora ese CEN, envilecido y sin moral, pretende exigir que los trapos sucios se laven en casa. ‘Ganar el gobierno sin entregar el partido’, era nuestra consigna.

Si las notas que enviamos para tener debates de alturas son ignoradas. Si para un grupo de perredés pensantes y valientes, solo existe la exclusión, ¿qué nos queda?

Matías Moreno con ellos. A sacar a los mercaderes del templo. Mercaderes que nos han avergonzado con su actuar, mercaderes que han llegado al poder dentro de las estructuras con malos hábitos de cambios de residencias dolosos y compra de votos.

Esos trapos hay que remojarlos con cloro, luego darles con el cepillo y tenderlos para que el sol y el viento los seque.

Repetía mi sabia abuela ‘quien a hierro mata, a hierro muere’. Pues ahora los rebeldes somos nosotros, con la diferencia que estamos defendiendo nuestras convicciones que nos llevaron a tomar la decisión de inscribirnos en el Partido PRD.

Copartidario, sin miedo a las actitudes intimidatorias de proceso de expulsión, sin miedo a que los acuerdos parlamentarios pueden debilitarse. Este movimiento es de depuración a una cúpula ilegítima. Exijamos nuestros derechos y no vayamos como corderos al matadero.

Para salvar a nuestro Partido y no permitir que nos lo vendan, ser rebelde es sinónimo de supervivencia. Ser complacientes es sinónimo de languidecimiento, inacción y triste amenaza de desaparición.

FINANCISTA