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- 10/02/2026 00:00
Marco conceptual para la seguridad energética: una brújula multidimensional
La energía sustenta la vida moderna y la actividad económica. En caso de que los sistemas energéticos fallen debido a la escasez, los choques de precios, problemas operativos o efectos climáticos, los impactos económicos se trasladan rápidamente a los hogares, las empresas y los servicios públicos. Debido a lo anterior, la seguridad es uno de los objetivos principales de la política energética (Strojny et al., 2023; Stern, 2010).
Durante años, la seguridad energética se definió como asegurar un suministro adecuado a un precio asequible, un núcleo que sigue siendo importante. Actualmente, se concibe como un concepto multidimensional y contextual, lo que significa que varía según la combinación de factores energéticos, infraestructuras, instituciones y la exposición a choques de cada país (Strojny et al., 2023; Azzuni y Breyer, 2018).
Las transiciones energéticas y el cambio climático están transformando la seguridad energética. Las energías renovables, la eficiencia energética y la electrificación pueden reforzar la seguridad al reducir la dependencia de las importaciones, diversificar el suministro y mejorar la resiliencia (Kim et al., 2025; OCDE, 2025). Al mismo tiempo, surgen nuevos desafíos, incluyendo preocupaciones sobre la variabilidad del suministro y la estabilidad de la red eléctrica, la exposición geopolítica de las cadenas de suministro, las interdependencias más estrechas entre sistemas energéticos y los desafíos de seguridad relacionados con la digitalización (Kim et al., 2025; Schmitz et al., 2025).
Para Panamá, las métricas de seguridad energética deben servir como guía para desarrollar políticas sectoriales. Debido a su vulnerabilidad ante el cambio climático, su alta dependencia de las importaciones de energía y la transición hacia energías renovables y una mayor electrificación del consumo final (BID, 2024), es importante analizar cómo diferentes políticas afectan la seguridad energética a lo largo del tiempo.
La seguridad energética puede entenderse como la capacidad de un sistema energético para ofrecer servicios fiables, asequibles, resilientes, sostenibles y socialmente aceptables a corto y largo plazo (Strojny et al., 2023; Cherp y Jewell, 2014; Sovacool, 2013). Las dimensiones en el corto plazo consisten en choques inmediatos y problemas operativos, mientras que, a largo plazo consisten en cambios estructurales, con el objetivo de mantener la estabilidad (OCDE, 2025; Cherp y Jewell, 2013).
En términos prácticos, se consideran varias dimensiones, como la disponibilidad, la asequibilidad, la diversidad de la oferta, la tecnología, la eficiencia, la sostenibilidad, la resiliencia, la regulación, la gobernanza y la ciberseguridad (Strojny et al., 2023; Sovacool, 2013).
Las métricas convierten conceptos abstractos en elementos observables, cuantificables y trazables. Los países usan indicadores independientes o marcos que combinan indicadores en índices mediante la selección de métricas, la asignación de pesos y puntuaciones para resumir los resultados (Ang et al., 2015; Sovacool, 2013). Estos índices facilitan el seguimiento y la comparación internacionales y revelan compensaciones (Cherp y Jewell, 2014).
Adicionalmente, las métricas respaldan las decisiones; sin embargo, también tienen limitaciones. Los índices compuestos requieren decisiones sobre qué medir y cómo ponderar, lo que puede sesgar los resultados u ocultar compensaciones (Sovacool, 2013). Adicionalmente, los indicadores estáticos limitan la identificación de riesgos futuros, a menos que se complementen con herramientas predictivas (Schmitz et al., 2025). A su vez, la cantidad y la calidad de los datos pueden limitar su uso (Siksnelyte-Butkiene et al., 2024; Strojny et al., 2023). Considerando lo anterior, la identificación adecuada de los indicadores y de las herramientas de apoyo resulta un paso esencial para medir este concepto.
Un siguiente paso es desarrollar, por parte de la Secretaría Nacional de Energía, universidades y otros actores relevantes del sector energético, un índice transparente basado en las principales dimensiones y adaptado al contexto de Panamá. Las elecciones de diseño, especialmente la selección de indicadores y pesos, deben ser explícitas y transparentes y revisarse a medida que evolucionan las prioridades de política a largo plazo. Una ilustración de buenas prácticas es el Índice de Seguridad Energética (SESI) desarrollado para Singapur (Ang et al., 2015). Contar con este índice permitirá definir y utilizar este marco conceptual para orientar las acciones de política pública.