Temas Especiales

26 de May de 2020

Belisario Herrera A.

Columnistas

Astucias de algunos obreros

Inicié estas líneas comentando la mala conducta que he observado en algunos trabajadores

Durante décadas he escrito a favor de los trabajadores en general, pero también he criticado sus actos deshonestos en el desempeño profesional, cuando han acudido algunos ardides. Cierto es que el obrero sufre los bajos salarios que devengan en su oficio, pero ello no lo autoriza para que hurten o roben de la empresa o dependencia oficial donde prestan sus servicios, apoderándose de artículos o materiales para irlos a vender por una guayaba, posiblemente para sostener sus vicios como pueden ser las drogas o las bebidas alcohólicas, incluso juegos de azar, como son entre otros las carreras de caballos en los días que éstas se desarrollen.

Provengo de un hogar humilde, en que por encima de todo se me ha inculcado la honradez y las mejores cualidades morales, virtudes que conservo en forma muy marcada, principalmente por la certera guía de mis padres, herencia espiritual de la que no me apartaré hasta el último día de mi existencia.

Circunstancias especiales lo hacen a uno apartarse de toda modestia y hablar de sí mismo. Como periodista, jamás he mercantilizado mi pluma al servicio del mejor postor y hace poco, cuando le prometí a un conocido intelectual comentarle su libro, no podía esperar de mi alguna obligación económica de su parte en reciprocidad. Cierto que desde el punto de vista como profesional de la pluma en que he devengado por ello algún salario, pero en el mayor tiempo lo he hecho sin gratificación económica alguna, como sigo haciéndolo mediante mis colaboraciones a distintos diarios en nuestro país. Por los demás devengo una jubilación como funcionario judicial que fui y sigo ejerciendo como abogado.

Inicié estas líneas comentando la mala conducta que he observado en algunos trabajadores, incluso hasta dirigentes que se dicen sindicalistas en que hubo uno que recuerde que como profesional del vestido, se apropiaba de los abonos, quedando mal en lo sucesivo con cada cliente. Cuando el caso fue de conocimiento de su organización obrera, fue amonestado, pero siguió en su vicio de escamotear el dinero de quienes le confiaban la confección de algún pantalón o vestido completo, hasta que el destino se lo llevó a la tumba.

Hace poco le di en reparación una plancha a un ‘arreglador de todo’, porque mi esposa me aseguró que no funcionaba; el sujeto en referencia se la llevó por algunos días y cuando me la entregó me dijo que calentaba perfectamente y hasta plancharon en su casa algunas piezas; confiado le cancelé lo que me pedía que no pasaba de 10 balboas y mi desagrado fue que la plancha continuaba en el mismo estado, le reclamé para que me devolviera el dinero y se aferró dentro de su escasa moral a que él tenía que cobrar su trabajo. Saque el lector sus conclusiones.

ABOGADO Y PERIODISTA.