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03 de Jun de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

Una chiricana con suerte

‘Tía Mery estudió Relaciones Internacionales y Administración Pública en la Universidad de Panamá...’

El martes 24 de junio cumple 90 años mi tía y madrina, Mery O’Donnell de Rosas, que es muy conocida en el ámbito cultural, diplomático y, sobre todo, por su labor social. Oriunda de Boquete, de padre estadounidense y madre chiricana, la inolvidable bugabeña Angélica Pittí, ha llevado una vida ejemplar, esposa de mi tío Olmedo Rosas, ex contralor de la República y ha enfrentado verdaderas pruebas en su vida, que hubieran hecho flaquear a muchas personas.

Tía Mery estudió Relaciones Internacionales y Administración Pública en la Universidad de Panamá, y en ese campus conoció a mío tío Olmedo, que avanzaba sus estudios en la Facultad de Derecho. A pesar del alto puesto que él ocupó desde el año 1960, ella no dejó de trabajar en la Cancillería, donde llegó a ocupar posiciones muy sensitivas y de mucha relevancia, de donde se jubiló para entregarse con verdadera vocación a su labor social.

En una larga conversación que tuvimos hace unas semanas, me contó los pormenores de su infancia, de cómo su voluntariosa madre llevaba a sus cinco hijos a la escuela, hacía las compras y vueltas indispensables para el funcionamiento de la finca cafetera que aún hoy tienen en Alto Quiel. De igual manera me relató algunas anécdotas sobre su romance con quien sería su esposo, fallecido prematuramente de cáncer (apenas estuvieron casados unos 35 años) y la relación que cultivó con todos los cancilleres y los mandatarios para los que trabajó hasta su jubilación. Por su tacto, elegancia y buen gusto, se le encomendaron tareas delicadas en la Cancillería, las que encaró con entereza y éxito.

Sus tres hijos culminaron con éxito sus estudios universitarios y formaron hogares sólidos, con vástagos que ya ostentan, una de ellas, maestría de la Universidad de Harvard. Olmedo Jr. murió lamentablemente en un accidente automovilístico hace unos 15 años, pero su relación con la viuda y sus hijos sigue tan fuerte como si estuviera presente, especialmente porque no viven en Panamá.

Mi tío Olmedo formó una firma de abogados exitosa que ya cumplió 40 años en el medio y que cuenta con colaboradores valiosos, especialmente don Olmedo Sanjur y mi nonagenario padrino, Jorge Rubén Rosas, al que le celebramos los 90 años el año pasado, además de mis primos y otros profesionales más jóvenes, que garantizan el relevo generacional necesario. También fue embajador de la Soberana Orden de Malta y ese hecho le permitió a su esposa ingresar al mundo diplomático, donde hasta el día de hoy desarrolla una labor incansable, la más importante de ellas, la Caravana de Asistencia Social.

En lo personal, tengo hermosos recuerdos de mis vacaciones escolares en Boquete, donde me quedaba hasta altas horas de la noche leyendo, a veces con una luz de gas, ya que desde chica no he dormido mucho. Siempre dispuesta a atendernos, mi tía Mery ha sido un importante referente en mi familia, sin discriminar que fuéramos sus sobrinos políticos. En ese sentido, los hermanos de mi madre han tenido una gran suerte, pues sus esposas se han integrado a una familia tan dispuesta al servicio político y expuesta así al escrutinio público. Lo es así con tía Mitzila, la esposa de Jorge Rubén, con Doris Vargas de Rosas, esposa de tío Diomedes, tía Mery y con quien fue la esposa de tío Maco, Mayela Espino, que hasta el día de hoy está invitada a todos los eventos familiares. Un tío ya fallecido, Carlos Rosas, que se quedó a vivir en Chiriquí, también tuvo la suerte de tener una buena compañera, que aún vive, pero n o la tratamos mucho por la distancia.

Es una gran alegría ver a tía Mery llegar a sus 90 años con tanta claridad y ganas de vivir y ojalá la tengamos muchos años más entre nosotros.

Mariela Sagel

ARQUITECTA