Temas Especiales

03 de Jun de 2020

John A. Bennett N.

Columnistas

¿Cuál democracia?

Lo opuesto a la dictadura es la libertad en un sistema de reglas objetivas a las que la voluntad del gobierno también está sometida

‘Como método legitimador del poder, la democracia es el más débil de todos’. Con esta sentencia inicia uno de los capítulos de su nuevo libro el abogado, ensayista y periodista especializado en temas filosófico político, institucional y económico, José Benegas. La obra se intitula, 10 Ideas Falsas que Favorecen al Despotismo.

El texto pone en evidencia uno de los vicios políticos más prevalentes en nuestra América Latina —sin que se salven en otras longitudes— en donde muchos déspotas de diestra y siniestra se escudan tras el falso manto del ser producto de elecciones populares. Benegas deja claro que la democracia es mucho más que unas elecciones, cuando nos habla del sistema republicano de soberanía popular y apunta que ‘el límite al poder es lo que la hace real y operativa. Y aclara que si es ‘nuestro gobierno’, no se debe meter con nosotros’.

Benegas saca a relucir la incongruencia de gobiernos como el de Venezuela, sin descartar a otros que igualmente se atreven a arroparse con el manto de la democracia, que por ser electos piensan que se les ha dado un mandato sin demarcaciones. Y sigue aclarando que los gobiernos democráticamente electos fácilmente pierden su legitimidad tan pronto rebasan los límites de su mandato constitucional.

Lo opuesto a la dictadura es la libertad en un sistema de reglas objetivas a las que la voluntad del gobierno también está sometida. En fin, y como bien señala el autor, ‘la dictadura no tiene que ver con el origen del poder sino con el fin del poder y sus medios. Es decir, se refiere a la falta de limitación, no a una incorrecta unción’.

Recién en nuestro Panamá el pueblo se manifestó de manera admirable en las urnas, anunciando sus ansias por liberarse del despotismo. Sin embargo, hoy, a escasos días de la toma de posesión de un nuevo gobierno, todos contenemos la respiración y anhelamos con vehemencia ver que el deseo electoral manifiesto se traduzca en una auténtica motivación, que rompa los gastados paradigmas de corrupciones institucionalizadas; y para ello un ejemplo.

Recién, llevando a nuestra empleada a su casa, fuimos detenidos en un retén, a todas luces ilegal. ‘¿Y ahora qué?’, pregunté a mi esposa y empleada; esta última respondió con naturalidad: ‘Es que están buscando a los piratas para coimearlos’. Y de hecho tenían un rosario de taxis al margen de la vía. Más adelante, en menos de dos kilómetros, fuimos detenidos dos veces más y en cada instancia un ramillete de víctimas que solo buscan ganarse la vida dando un servicio que piden los consumidores, porque el oficial y ‘no pirata’ no les llega.

¿A esto le llamamos democracia? Como también señaló Benegas en su libro, citando a Pierre-Joseph Proudhon: ‘Ser gobernado es ser vigilado, inspeccionado, espiado, supervisado, legislado, reglamentado, refrenado, adoctrinado, predicado, controlado, tasado, evaluado, censurado, mandado... representado, sellado, medido, clasificado, auditado, patentado, licenciado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, corregido y rectificado en cada operación, cada transacción, cada movimiento’. ¿Les parece buena receta para el nuevo milenio?

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