Temas Especiales

22 de May de 2022

  • Zeddy De Herrera

Columnistas

Agua con niveles de veneno aceptables

‘Señor presidente: O el ingenio... o nuestras vidas’.

Los ciudadanos de Chitré, Los Santos, Guararé, Las Tablas, vivíamos un día como cualquier otro, pero, en un abrir y cerrar de ojos nos amaneció la noticia de que el agua que estábamos consumiendo contenía veneno. ¿Y quién sabe durante cuántos años? Y en esta ocasión particular, ¿cuándo empezó el envenenamiento?

Pasadas un par de semanas, el MINSA nos garantiza que el asunto del agua está resuelto, todo vuelve a la normalidad, ya las 100,000 personas que nos afectamos tomando agua con Atrazina podemos tomar diariamente nuestra porción de agua con Atrazina con tranquilidad, porque los niveles de Atrazina que mantiene el agua son los permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, el Estado se gastó medio millón de balboas en proveernos de agua descontaminada por dos semanas, como un gesto de buena voluntad con los hermanos azuerenses, como dejó ver el ministro de Salud. Hasta es probable una retribución a los afectados con la exoneración de un mes del pago agua.

A cambio de tanta bondad nosotros estaremos entregando un riñón, el hígado, el corazón, el sistema digestivo, el sistema circulatorio, el sistema inmunológico, nuestros hijos y quién sabe qué más a cambio, en un trueque tan cruel como el que hicieron los antiguos colonos españoles con los amerindios lugareños. Porque todos estos venenos atacan los órganos y las personas no mueren por un envenenamiento masivo, sino por las secuelas que dejan a través del consumo continuado.

Esta no es la primera vez que el río La Villa es objeto de contaminación por las empresas de la industria cañera. En 1999 fue contaminado con vinaza, procedente de las tinas de oxidación de Varela Hermanos, y el 24 de julio del 2000, unos 200 mil litros de alcohol puro de Alcoholes del Istmo (grupo al que pertenece Campos de Pesé) fueron derramados, dejando una gran cantidad de peces muertos en el cauce y a saber cuántas veces ha sido contaminado con pesticidas, porque el Laboratorio del IDAAN no monitorea venenos.

Soluciones hay, como sacar el agua que alimenta a las potabilizadoras por tubería río arriba, pasando los dos ingenios, para evitar las probables contaminaciones por derrames.

Nuestra legislación en materia de agua potable, visible en la página web del IDAAN, establece requisitos físicos, químicos, biológicos y radiológicos que debe cumplir el agua. La Reglamentación Técnica fue publicada el martes 7 de diciembre de 1999 en la Gaceta Oficial N° 23,942, la que señala en el punto 3.4. que el agua potable del IDAAN no puede contener ninguna traza de plaguicidas. De tal suerte que ahora el ministro de Salud no puede venir a introducir los parámetros de la OMS, cuando nuestra legislación dice ‘0’ plaguicidas.

Nos queda un mal sabor y un profundo pesar, cuando comparamos los bienes jurídicos protegidos, el valor que nuestros gobernantes les ponen o les restan ¿... y si hubiesen sido 100,000 cabezas de ganado las que se contaminaron con agua envenenada y la población se negará a consumir esa carne y esa leche?; lo más seguro es que los padres de la patria estuvieran en sesión permanente hasta asegurar a través de una ley que ese bien jurídico protegido —las reses— no sea vulnerado, ¡claro, porque esas vacas tienen dueños! Un país donde la vida queda supeditada a los intereses económicos.

Al ministro de Salud, para que pueda legalizar que el agua es potable con niveles de veneno ‘ATRAZINA’, considerados por la OMS, tiene primero que cambiar la Ley y luego legalmente envenenarnos poco a poco con el agua, pero no nos engañen.

Al resto de panameños y ciudadanos: hace unos años fueron envenenados pacientes de la Caja del Seguro Social con dietilenglicol, el Estado hizo un pésimo manejo, todos lo vimos y no hicimos nada. Ahora 100,000 personas fuimos contaminadas con veneno ‘ATRAZINA’, que llegó a niveles de 5000 partes por billón y nadie hace nada, mañana puede ser tu comunidad, tu familia. Antes se quejaban de las locuras, ahora necesitamos ver en acción que los decentes somos más.

Señor presidente: O el ingenio... o nuestras vidas.

ABOGADA