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10 de May de 2021

Rogelio Antonio Mata Grau

Columnistas

Proyecto de ley 61

‘Este tipo de enseñanza es determinante para la salud sexual y reproductiva..., por lo que debe iniciarse a temprana edad...’.

Proyecto de ley 61
Proyecto de ley 61

Los aportes científicos multidisciplinarios actuales permiten reconocer que todas las personas somos seres sexuados desde el momento mismo de la concepción, a lo largo de la vida y hasta la muerte. La sexualidad de cada persona es la expresión de la interrelación dialéctica permanente entre condicionantes biofisiológicas, psicosociales, ambientales, económicas, religiosas, espirituales e histórico-culturales concretas. Cada célula de nuestro cuerpo es sexuada, como también lo más sofisticado de la creación humana lleva la impronta de lo que hemos interpretado como sexos, géneros y sexualidades.

Para el análisis del tema, parto de un paradigma educativo que propone el desarrollo pleno de la personalidad desde una concepción de respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales. Los problemas relativos a la sexualidad no solo deben ser reconocidos desde su influencia en la vida individual, sino también desde sus repercusiones sociales relevantes que inciden en el desarrollo de un país. Las complejas contradicciones y malestares relacionados con los sexos, los géneros, las sexualidades, su educación y sus consecuentes repercusiones en la salud, no pueden ser atendidas integralmente desde los esfuerzos aislados de individuos, familias, comunidades, organizaciones estatales y de la sociedad civil, sin el respaldo del Estado.

Se ha demostrado que no basta con un marco político-legislativo, pues se requiere el desarrollo de estrategias para la transformación social que contribuyan a desarticular viejas creencias, prejuicios y «argumentos» que tratan de justificar la imposición de relaciones de dominación, generadoras de desigualdades y discriminación. Los cambios que dependen de la conciencia social no se articulan automáticamente sobre las transformaciones de la estructura económica y legal, aunque este es un paso determinante. Los estereotipos, prejuicios, conductas y juicios de valor sexistas arraigados en las tradiciones se modifican en un complejo proceso de reconceptualización en el que inciden la voluntad política, la legislación, los medios de difusión, la escuela, la familia, la subjetividad de cada individuo: la sociedad en su conjunto.

De allí que el proyecto de ley 61 debatido en estos momentos en la Comisión Parlamentaria de Salud, presidida por el médico y diputado Crispiano Adames Navarro, trata sobre el establecimiento de las ‘bases normativas generales para el reconocimiento, la garantía, la protección y atención de la salud sexual y la salud reproductiva con énfasis en la formación integral de la persona, respetando su dignidad, sus derechos, su conciencia, su cultura y los valores que la caracterizan, en concordancia con la Constitución Política, las leyes de la República de Panamá y los Convenios Internacionales’.

El artículo 3 acápite 3, de dicho proyecto de ley trata sobre ‘Educación integral en sexualidad’, la misma es un proceso constante de formación e intercambio de valores, conocimientos y comportamientos que permiten el adecuado desarrollo de las capacidades sexuales, su coordinación con las demás facultades y la consecución de una buena interrelación con otras personas dentro de un contexto social y cultural determinado.

Este tipo de enseñanza es determinante para la salud sexual y reproductiva de las personas, por lo que debe iniciarse a temprana edad, de tal manera que los aprendizajes que aporta consigan altos niveles de espontaneidad y comunicación, de oportunidades y libertades y de respeto y estima por uno mismo y por las demás personas. La ley 61 es una necesidad por cuanto que educar en sexualidad es una forma de apreciar que la vida sucede en un cuerpo y que, como seres humanos, podemos también entender, analizar y cuidar lo que sucede con nuestros cuerpos, como parte del desarrollo integral de nuestra ciudadanía y nuestras relaciones. De tal modo, educar en sexualidad implica tanto ofrecer conocimientos para la prevención de embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual, como formar en valores, sentimientos y actitudes positivas frente a la sexualidad.

*DOCENTE DE EDUCACIÓN SUPERIOR.