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28 de Feb de 2020

Abdiel Augusto Patiño I.

Columnistas

La constituyente y la realidad social y política (II)

El único facultado, por naturaleza, a convocar tal proceso es el soberano, el pueblo; por eso se llama Constituyente Originaria

El Gobierno actual, desde la campaña, se comprometió con la convocatoria a una Constituyente Paralela, tal cual establece la actual Constitución; y ante este compromiso, han surgido las voces que alegan que la Constituyente debe ser originaria y que el Gobierno debe convocarla; siendo esto último inviable y antinatural. La última vez que un presidente democráticamente electo pretendió convocar un proceso constituyente originario, el resultado fue su separación del cargo (caso Manuel Zelaya, en Honduras); y es que un presidente no puede hacer nada que la Constitución o la Ley no le faculten, y en Panamá, nada faculta al presidente a convocar a una Constituyente Originaria.

El único facultado, por naturaleza, a convocar tal proceso es el soberano, el pueblo; por eso se llama Constituyente Originaria. Por más que equis cantidad de ciudadanos, entre los que me incluyo, creamos en la necesidad de una constituyente originaria, si una gran parte de los panameños no se moviliza para demostrar que desea ese proceso, si el soberano no lo reclama, no hay manera alguna de conseguirlo; nunca lo tendrá. Un presidente, por muy bueno que sea, no puede darse esa potestad, no le compete, y mucho menos si la Constitución vigente no le faculta para hacerlo; el pretenderlo representaría el fin de su mandato.

La realidad debe ser vista tal cual es, no se trata de deseos o pretensiones. Tenemos una opción, la Constituyente Paralela. No es perfecta, hay muchos aspectos que no están definidos en la Constitución y que deben ser regulados por la norma que la convoque; pero debemos aprovecharla y aportar para su buen ejercicio; es la vía legal para lograr los cambios estructurales que robustezcan el Estado de derecho y la institucionalidad democrática; y evitar que lo recientemente vivido se pueda repetir y en peor medida.

El Gobierno se ha comprometido a convocarla (con menos presión de la que hubo 10 años atrás) lo que es positivo; no obstante, ¿está ahora la ciudadanía clara en que necesita de una constituyente, o en lo que es una constituyente y sus implicaciones? Pienso que no; no percibo a la gente con ese deseo constituyente ni por la paralela y mucho menos por la originaria; cuestión que podría poner en peligro la legitimidad del proceso.

El tiempo hablará por todos, por fortuna, ya falta poco.

*COORDINADOR DE PROYECTOS.