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29 de Nov de 2020

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Genaro López

Columnistas

Estado fallido

"El concepto de ‘Estado fallido’ se ha fundamentado en dos visiones diferentes sobre el Estado"

Estado fallido ha sido usado para ‘contextualizar y explicar fenómenos tan complejos como la ineficacia gubernamental, vacíos de poder local, violencia regional y falta de resultados en el sistema político’. Noam Chomsky categorizó el concepto de Estado fallido no solo como el monopolio de la violencia como motivo del fallo, también incluyó los objetivos del Estado.

El concepto de ‘Estado fallido’ se ha fundamentado en dos visiones diferentes sobre el Estado. En primer lugar el concepto sociológico del Estado relacionado con su monopolio legítimo de la violencia (Weber). En segundo lugar basado en los objetivos del Estado, que en el caso de Chomsky son los objetivos proclamados por el mismo Estado.

Más allá de lo conceptual, en el caso de Panamá, estamos ante la presencia de un Estado en franca descomposición, una institucionalidad maltrecha, que con la presencia de un gobierno sumamente débil nos encamina hacia un tipo de Estado fallido, con una institucionalidad podrida, democracia putrefacta, falta de credibilidad en los poderes del Estado como resultado de corrupción e impunidad desvergonzada de quienes nos gobiernan a quienes no les importa que se sepa que son ladrones y que se venden a los grupos de poder económico, porque tienen la certeza de que nada les va a pasar; que es incapaz de atender las demandas básicas de la población, garantizar justicia, hacer valer la voluntad popular, y donde sus principales actores ninguno escapa del cuestionamiento público (autoridades, partidos, órganos del Estado, empresarios, medios de comunicación, jerarquías religiosas, etc.).

Además, da muestra de ‘fallido’ el Estado en Panamá porque es incapaz de garantizar la defensa de la vida y los recursos naturales; incapaz de levantar real democracia; incapaz de garantizar el ejercicio independiente de la Justicia; incapaz de frenar al ‘crimen organizado’ y su metástasis en todas las estructuras institucionales; incapaz de ejercer rectoría alguna en materia de democracia comunicacional. Es ‘fallido’ porque es incapaz de garantizar el derecho a la educación, al trabajo y salario digno, a la salud, a la vivienda, a la alimentación, a la cultura e identidad nacional. Es un ‘Estado Fallido’ que no es víctima de la corrupción sino su artífice principal.

Ese carácter ‘fallido’ que se ha profundizado en el llamado período democrático post invasión, bajo la tutela del neoliberalismo, no surge por culpa de autoridades ignorantes o ineficientes, sino porqué la clase dominante (Ver club de los 105 ultra millonarios) le asigna a sus gobernantes proteger la propiedad privada y la ganancia.

Ello quedó claramente demostrado en el fallo sin precedentes de la Corte Suprema de Justicia, (Caso de la libertad otorgada a Rogelio Ramos, alias ‘Juana Peña’, autor intelectual del asesinato del obrero del SUNTRACS, Osvaldo Lorenzo; caso del sobreseimiento del principal responsable del caso CEMIS, uno de los mayores escándalos de corrupción en Panamá, el ex presidente Martín Torrijos; frente a las declaraciones de uno de los magistrados de la CSJ, Harry Díaz, sobre compra de fallos).

Queda demostrado con un proceso electoral fraudulento, cuando cientos de millones de dólares del Programa de Ayuda Nacional (PAN) se otorgaron en partidas circuitales a los 71 diputados, de todos los partidos, que conformaron la pasada Asamblea Nacional de Diputados, (financiación de sus campañas de reelección y en financiar el clientelismo electoral). A ello hay que agregarle la crisis de los partidos políticos, las pugnas a lo interno.

Además de ello, cuando Varela por interés propio y de otros e incurriendo en nepotismo se ha visto obligado a ceder espacios a clanes familiares y económicos en puestos ministeriales y en el servicio exterior. A ello, hay que agregar el nefasto proceso que se vive en la designación del contralor, procurador, donde se plantea que se negocia con millones de dólares.

La única salida real para acabar con la podredumbre moral de las instituciones y lograr una sociedad verdaderamente justa, es seguir acumulando fuerza social organizada, construir poder popular y crear las condiciones para la autoconvocatoria por parte del pueblo de una Asamblea Constituyente Originaria, con plenos poderes, capaz de fundar una nueva República.

*SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO