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05 de Feb de 2023

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    Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Filantropía y complicidad perruna

Los ladridos dejaron de ser populares y se tornaron de una suntuosidad que se alejó de los barrios y se mudó a confines sofisticados

Las representaciones animales que son utilizadas en los medios de comunicación suelen reproducir sentimientos y conductas humanas. Por esta razón se relacionan con sus referentes tanto en las alegrías como en los miedos; en los valores y también en los vicios.

Por esa razón, Snoopy, el perro de Charlie Brown, además de ser compañero de su amo en el béisbol, sueña desde su tienda que es un aviador de la Primera Guerra Mundial que vuela sobre Europa en pos del Barón Rojo. Piolín, por otra parte, es un canario a quien el gato Silvestre, quiere devorar y que se salva por la destreza propia, la ayuda de la abuela o la de Héctor, el gordo can, su compañero en casa.

Otros ejemplares de la fauna caricaturesca como Tom el gato —enemigo del ratón Jerry— y el coyote, que persigue al correcaminos, constituyen patrones de villanos. En sentido contrario, el pájaro loco, el conejo Buggs, Condorito reproducen la astucia que se emplea para salirse siempre con la suya y enredar a los demás. Chip y Dale eran dos ardillas que embaucaban a todos para consumir castañas a cualquier precio.

La caricatura es definida como retrato u otra manifestación gráfica que exagera los rasgos físicos o faciales o bien el comportamiento, la vestimenta o los modales característicos de un individuo con el fin de producir un efecto grotesco. Además se procura repetir las virtudes de determinados grupos sociales para identificarlas con valores aceptados por la comunidad.

Por lo general y según diferentes investigadores, la caricatura puede suscitar significados diversos en los espectadores, que dependerán del conocimiento, las creencias y los valores comunes, de las actitudes asumidas en las prácticas sociales.

Así, afirma por ejemplo María Elena Camba, ‘éstas se cargan de connotaciones que surgen del mundo interior de cada persona, ya que la imagen es polisémica, por la diversidad de sugerencias posibles que encierra...’.

En la cultura publicitaria nacional surgió hace cuatro décadas Zambo, un perrito que motivó el ahorro escolar y promovió el uso de las alcancías para guardar hasta el ‘sencillo’ para final de año, cuando el consumismo sube de nivel y se renuevan desde juguetes hasta la apariencia de los hogares en lo interno y externo.

De esta etapa y luego de adquirir una popular aceptación en la población, el cuadrúpedo se hizo filántropo al encabezar campañas, concursos proyectos de vivienda popular y premiar con dinero a los entusiastas seguidores de las diferentes cruzadas impulsadas por el mercadeo.

Desde hace cinco años, el ilustre animal se transformó y mutó, al hacerse más amplio en sus bondades. Empezó a hacer préstamos de dudosa recuperación, sobre todo a gente vinculada con tenebrosos negocios, densas licitaciones y adquisiciones de estrambóticos bienes inmuebles urbanos y playeros; además, de transportes terrestres marinos y aéreos.

Se hizo dadivoso el perro, pero con plata ajena. Cambiaron sus objetivos, en un principio de ahorro, se transmutaron en inversiones especulativas, que orientan en la dirección de perder las perspectivas que originaron su loable misión. Los ladridos dejaron de ser populares y se tornaron de una suntuosidad que se alejó de los barrios y se mudó a confines sofisticados.

Ariel Dorfman y Armand Mattelart en su clásico análisis sobre el Pato Donald, concluyen que detrás de esos personajes que salen del dibujo, ‘en las conspiraciones que traman desde el mundo de fantasía que promocionan, se oculta furtivamente el del mundo adulto’.

Quizás el panorama de este inquieto podenco evolucionará y pronto se le verá con sus asesores legales, en los pasillos de los tribunales para atender los casos en que esté involucrado.

Lo peor será escuchar a este simpático sabueso entre rejas exhalar aullidos lastimeros de madrugada.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.