18 de Ago de 2022

  • Avatar del Orlando Acosta Patiño

    Orlando Acosta Patiño

Columnistas

De los Cuara-Cuara al puente Vecchio

La razón del traslado es la construcción de 443 estacionamientos sobre el mismo parque

Este enero del 2015 abre con las demoliciones de los quioscos en Avenida Cuba, conocidos por los Cuara-Cuara y el desalojo de los buhoneros en varios puentes de la ciudad. La administración de la Alcaldía de Panamá en acuerdo con los dueños de los quioscos de alimentos en la Ave. Perú, conocidos como los ‘Cuara-Cuara’ llegó a la decisión de reubicar estos locales a partir de enero de 2014. Tardó la Alcaldía un año entero en tomar la decisión; ésta se comprometió a trasladarlos a unos cubículos a un costado del parque Francisco Arias Paredes, en la calle 35.

La razón del traslado es la construcción de 443 estacionamientos sobre el mismo parque. Parece que la actividad económica de servicios de alimentos populares podrá seguir funcionando —al menos— hasta el término del proyecto de estacionamientos. Entiendo que la nueva localización de estos quiscos será el sitio del antiguo edificio del Ministerio de Salud, exponente –desaparecido- del movimiento moderno y que fue transformado en caliche en un parpadeo, sin que mediara un análisis crítico de sus valores y la intervención de grupos y especialistas de nuestra sociedad. Junto al edificio también desapareció el tributo al doctor Alfred Birch Herrick, pionero en el combate de la malaria y actor clave en los pininos de salud pública de la naciente república. El bronce aún permanece tirado en el estacionamiento del edificio del laboratorio Gorgas sin que ninguna autoridad se apiade de la memoria del doctor ni de sus aportes a la sociedad. ¿A quién le importa la historia? Dicho antes, la desaparición del conjunto modernista entre Avenida Perú y Cuba, entre las calles 35 y 36 es un hueco en la memoria colectiva y en el patrimonio urbano que además subraya un negocio de caliche travestido bajo el argumento de resolver espacio para aparcar trenes de acero y neumáticos de goma.

Las intervenciones más influyentes y recientes en el ámbito urbano de esta ciudad han sido las justificadas bajo argumentos de transporte y movilidad urbana. Históricamente, la conformación del espacio regional metropolitano ha estado dictada por tecnologías de transporte que van desde el Camino Real hasta la ampliación del Canal, pasando por las grandes transformaciones que provocará el metro de Panamá. Hoy también se debate el futuro —al menos a mí me interesa— de la antigua estación del Ferrocarril en la 5 de Mayo y la posibilidad de volver a armar un mamotreto de museo allí, sin resolver los problemas urbanos y funcionales del área.

El Metro de Panamá será la fuerza que modelará las relaciones espaciales y económicas de la región metropolitana, así la afluencia de personas bajo los requerimiento de movilidad determinará la oferta de servicios y patrones de consumo de la gente. El edificio de la antigua estación podría articularse a estos cambios.

Volviendo al tema de los puentes peatonales y la buhonería, el puente Vechio en Florencia que data desde el año de 1345 es la estructura de piedra más vieja en Europa y sus usos —además de conectar al palazzo Vecchio (Palacio Viejo) con el Palacio Pitti, residencia privada esta última de los Médici— estuvo dedicado a carniceros, matarifes y pescaderías, pasando por tiendas de joyeros, orfebres y perfumeros. Los usos antiguos aprovechaba la afluencia de las personas de un lado al otro de Florencia. Hoy, el puente tiene un uso peatonal. Visto en esta perspectiva temporal, los conflictos de uso en los espacios de alta circulación es un asunto de vieja data y lo que se discute bajo el asunto de los Cuara-Cuara, el puente de Metromall en Juan Díaz y el del Seguro Social —a la altura de la Universidad de Panamá— y la Avenida Peatonal son entre otros vivos ejemplos de lo que acá expongo y no diferente al puente Vecchio. Lo que se vende se transa en estos espacios, va desde alimentos pasando por toda clase de chucherías, plantas, servicios personales, bibliotecas, ropa, lotería, frutas, frituras y un sinfín de bienes y servicios que aprovecha el gran flujo de personas que son aprovechados por una economía informal.

El reto de los diseños de estas nuevas estructuras urbanas relacionadas con el transporte y movilidad deberán enfrentar un asunto que no es nuevo en la sociedad de consumo capitalista —como lo trae el ejemplo de la economía del puente Vecchio— y que se trata de conciliar los requerimientos de consumo de una población empobrecida que debe utilizar y usar estos espacios para moverse y consumir mientras se traslada de sus casas a sus trabajos. Finalmente, la solución que se debe encontrar debe reconocer también los valores culturales e identitarios que son también parte de las variables que la ecuación debe resolver. Los Cuara-Cuara son casi fondas de pastelitos, buñuelos, tortillas, chicharrones, sancocho y no son una oferta exótica de alimentos. Es rápida, es frita y la mayoría maíz y no precisamente barata en estos tiempos. ¿Qué pasará con las estaciones del Metro y las áreas aledañas? ¿Han considerado el proyecto esta dimensión de la realidad? Dejo esta reflexión a los administradores de la ciudad y a los técnicos que se encargan de diseñar estas estructuras de servicio y transporte para reconocer la vitalidad y la fuerza de esta sociedad que se desborda en ingenio y se afirma en lo cultural para sobrevivir y moverse en una ciudad cada día más cara y excluyente.

ARQUITECTO