07 de Ago de 2022

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    Genaro López

Columnistas

Nutrirnos de patriotismo como base del desarrollo

La población fue masacrada, 21 panameños acribillados y más de 500 heridos

La semana pasada se conmemoró la gesta histórica del 9, 10 y 11 de enero, cuando la gloriosa juventud panameña y el pueblo en general alzaron la bandera patriótica para alcanzar la plena soberanía nacional. Son 51 años de esa memorable jornada de la dignidad de un pequeño pueblo que desafió al mayor ejército. Los enfrentamientos se desarrollaron en las ciudades de Panamá y Colón, pero todo el país se movilizó henchido de fervor patriótico. La población fue masacrada, 21 panameños acribillados y más de 500 heridos. La presión popular obligó al presidente de turno a romper relaciones con los Estados Unidos.

Estos hechos dejan claro a la faz del país y al mundo, que el pueblo panameño no está dispuesto a seguir soportando el enclave canalero, ni a tolerar la presencia de bases militares norteamericanas en nuestro país. Todo tenía que cambiar, no se trataba solamente de que nuestra bandera ondeara al lado de la estadounidense, se buscaba una solución definitiva que desmantelara de una vez por todas el enclave colonial y expulsara la soldadesca acantonada en las 14 bases militares.

El 31 de diciembre de 1999, el Canal pasó a manos panameñas y el último soldado yanqui tuvo que salir, no sin antes el imperialismo norteamericano con el respaldo de sectores oligárquicos del país, intentaran mantener la presencia de tropas norteamericanas en nuestro país, primero con la invasión del 20 de diciembre de 1989 de la cual fueron cómplices quienes la propiciaron y quienes la pidieron; luego con el ensayo del Centro Multilateral Antidrogas (CMA) que contó con el consentimiento del Gobierno PRD-Ernesto Pérez Balladares, pero que la movilización pop ular la hizo fracasar.

Los verdaderos gestores de la lucha por la soberanía, el pueblo, ha quedado marginada del Canal y de las áreas revertidas, los sectores de poder económico y sus partidos políticos concertaron un pacto que les permite controlar el Canal y usufructuar los bienes revertidos. La ACP funciona como una República aparte, como un nuevo enclave, a favor de los intereses de los 115 ultra millonarios, los mismos que en su momento se opusieron a la lucha por nuestra soberanía y que acusaron a los luchadores sociales de maleantes, revoltosos, subversivos y comunistas. Como si fuera poco, a los altos ejecutivos de la ACP, quienes al parecer no están conformes con los altos salarios que perciben, se han repartido entre ellos casi $25 millones en bonos en los últimos 10 años.

Lejos está de cristalizarse de manera completa el sueño de nuestros héroes y mártires. Gran parte de las utilidades que brinda la operación del Canal se comprometen en el negociado de la ampliación. Aunado a los sobrecostos, la Junta de Resolución de Conflictos de las Obras, ha fallado a favor del GUPC, lo que representa que recibirán $234 millones y una extensión del contrato de 6 meses, lo que significa que el Canal contribuirá con menos ingresos al Estado para atender la deuda social que se ha venido acumulando a lo largo de nuestra historia. Hoy, Jorge Quijano, administrador de la ACP, plantea el inicio del plan para un cuarto juego de esclusas sin cumplir con lo establecido por ley. Es obvia la falta de transparencia en su conducción.

Hoy, más que nunca, hay que rescatar el ejemplo de coraje, dignidad y patriotismo de aquella gesta, hasta hacer valer las justas aspiraciones de soberanía y redención y que el Canal sea de verdad patrimonio del pueblo y no otra fuente de enriquecimiento de los 115 ultra millonarios y sus mandaderos. Esta generación está obligada a rescatar nuestra verdadera historia, nuestra identidad nacional, a nutrirnos de patriotismo como base del desarrollo nacional y social. Ello pasa por fundar una nueva república mediante una Asamblea Constituyente Originaria con plenos poderes y auto convocada por el pueblo.

*SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO