12 de Ago de 2022

  • Eudoro Jaén Esquivel

Columnistas

Quo vadis Panamá IV

Igual que el país me encuentro anonadado, por decir lo menos, con los últimos acontecimientos que dominan nuestra atención ciudadana

‘Toda la sociedad, en cada nivel debe rechazar cualquier forma de corrupción que desvíe recursos del pobre y dedique sus esfuerzos concertados para asegurar la inclusión de todo hombre, mujer y niño a la vida de la comunidad’: Papa Francisco (traducción libre).

Quo vadis Panamá

¿Hacia dónde vamos? Es la cuarta vez que me hago esa pregunta. Espero que esta vez hayamos enfilado el derrotero, correcto y desviado de la ruta anterior hacia el despeñadero. Siento guardado optimismo.

Igual que el país me encuentro anonadado, por decir lo menos, con los últimos acontecimientos que dominan nuestra atención ciudadana. Es impresionante, sorprendente, ver a altos funcionarios del gobierno pasado, incluyendo ministros de Estado y un ex-presidente de la Corte Suprema, siendo investigados, ser objetos de medidas cautelares y llamados a juicio por diversas graves faltas, tales como peculado, enriquecimiento ilegítimo y violación de la privacidad de centenares de personas. Es algo nunca antes visto en nuestro país. Es algo inaudito. No encuentro paragón en nuestra historia. Pero confieso que lo que sucede hoy en Panamá me causa sentimientos encontrados.

Por un lado, me complace lo que está sucediendo. Veo, al fin, reales señales de que nos encontramos ante el umbral del anhelado proceso de adecentamiento de la administración pública y del sistema judicial. Un fenómeno que me atrevo a definir como el probable inicio de una Nueva Era Republicana.

Por el otro lado, ante las revelaciones en los medios de los tantos actos de corrupción, clientelismo y mal manejo de la cosa pública, durante la administración anterior, renueva una vieja aprehensión y surgen de nuevo en mi mente preguntas: ¿Qué nos pasó? ¿Cómo se explica que todo esto que confirma la gravedad de lo que ante era secretos a voces, cuando era necesario, no logramos a su tiempo salir del estado de apatía inducida, de ese letargo ciudadano, que demostramos en el quinquenio anterior? ¿Por qué nos faltó coraje? ¿Qué garantías tenemos que ahora sí saldremos de esa etapa de anestesia social?

Con dolor admito que nuestra actitud complaciente, falta de cohesión de la masa ciudadana y la alta dependencia popular y demostrada tendencia en caer en las trampas del chantaje político y clientelismo, contribuimos al estado anterior de cosas que ahora deploramos. Quiera Dios que hayamos aprendido las lecciones de nuestro comportamiento complaciente y marchemos hacia el futuro en un nuevo rumbo y no nos olvidemos de este nefasto pasado, recordando el mal hábito de la historia de repetirse. Sobre todo, demostrar una mayor prudencia ciudadana en la escogencia de nuestros futuros gobernantes, como creo lo hemos hecho esta ultima vez y exhibir mayor coraje en exigir respeto a nuestros derechos y correcto comportamiento en el manejo de la cosa pública y luchar en la calle de ser necesario.

Y por último, no puedo menos que sentir pena interna por ver a personas que he conocido, algunos desde sus tempranas edades, amigos de larga data, acusados de actos delictivos y mal manejo de fondos públicos. Pienso en el gran dolor e impacto en la estabilidad emocional de sus padres, hijos y amigos íntimos que esta situación les causa. No los excuso, deben sufrir las consecuencias de sus malos actos, pero, igual, me causa pena por ellos y los suyos por los consecuentes estragos de toda índole que acarrean las situaciones en que se encuentran.

Sin duda, todo el ímpetu demostrado por las autoridades en estas primeras semanas del nuevo año, es el resultado de los importantes cambios en la Contraloría y el Ministerio Público y de unas estrategias elaboradas de antemano. Creo en sus capacidades y disposición para cumplir con la crítica labor encomendada a los nuevos encargados de esas instituciones. Son profesionales y personas correctas y de alta credibilidad, es por estas razones que las expectativas sobre su labor son altas.

Dicho lo anterior, la gran consideración que estriba ante la cantidad de casos que existen y seguramente surgirán, quizás de mayor relieve y complejidad, es la disponibilidad de recursos humanos, estructurales y monetarios de las autoridades para poder atender ese volumen de trabajo con eficacia y pronta diligencia. Es importar notar la estrechez de recursos económicos presupuestarios. Sin embargo, lo crítico de la labor requiere el mayor respaldo de las autoridades financieras. La situación implica el uso más efectivo de recursos limitados, que obliga a un sesudo, bien pensado, establecimiento de un estricto orden de prioridades de atención.

Confío en el buen juicio de todos los involucrados en los procesos en reunir esfuerzos y cumplir las expectativas de la población.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO