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27 de May de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Como una bacteria ‘comecarne’

'Realmente lo dramático de esa bacteria es que ataca, se alimenta y se reproduce comiéndose la carne del enfermo..'

Los hechos que han sido revelados últimamente me han traído a la mente los trágicos relatos que hace algún tiempo fueron reseñados con relación a la temible bacteria popularmente llamada ‘comecarne’ que produce la infección conocida como ‘fascitis necrotizante’.

Realmente lo dramático de esa bacteria es que ataca, se alimenta y se reproduce comiéndose la carne del enfermo, actuando desde dentro del propio cuerpo al que ha logrado introducirse.

Me pregunto si los actos de corrupción que han sido confesados o que han sido expuestos a la faz del país, no son algo parecido a la acción nefasta de esa bacteria ‘comecarne’ que actúa desde el mismo interior del propio cuerpo —el Gobierno panameño en ese caso— que ataca con virulencia.

Son ataques despiadados desde adentro y que, como la bacteria carnívora, podría terminar en la ruina del propio Gobierno o en la amputación de sus instituciones.

Un caso trágico de la infección fue reportado hace un par de años cuando Aimee Copeland, una guapa joven universitaria de 23 años, deportista, estudiante de Psicología, sufrió un accidente mientras hacía alpinismo, produciéndole una profunda cortada en el tobillo al caer desde cierta altura a un río. Tres días después, sufriendo intensos dolores, fue internada en un hospital para ser luego sometida a varias cirugías. En los siguientes tres meses perdió las dos manos, un pie y una pierna completa, debido a que las toxinas emitidas por la infección le destruyeron el tejido muscular, la grasa y la piel de las extremidades. Afortunadamente Aimee pudo recuperarse para luego ingresar a una clínica de rehabilitación y aprender a utilizar las prótesis recomendadas.

Pero el caso de Sandy Wilson, enfermera de 34 años, resultó más doloroso, porque su lucha contra una bacteria carnívora duró más: cinco años. Ella contó que luego del parto por cesárea observó cómo la bacteria se la estaba comiendo viva: no tenía piel en el estómago y podía ver sus órganos internos. Llegó a perder el bazo, la vesícula biliar, el apéndice y parte de su estómago y de sus intestinos; y pensó ‘No hay forma de que pueda vivir así; esto es una sentencia de muerte’. Después de cinco años de lucha y muchas operaciones, logró recuperarse parcialmente, pero controlada mediante dosis diarias de medicamentos especiales.

Estos dos casos, de los muchos que han sido registrados, ilustran sendos efectos nocivos de la bacteria ‘comecarne’. Representan dos esfuerzos de distinta duración que requirieron gran tenacidad y perseverancia de las víctimas.

Veo mucha similitud entre la codicia que engendra la corrupción que ha sido revelada estos días y la bacteria ‘comecarne’ que produce la infección ‘fascitis necrotizante’. Son parecidas y actúan en forma similar: una agrede órganos vitales del cuerpo humano, la otra embiste instituciones vitales del Gobierno y de la sociedad. Y en ambos casos, la bacteria actúa desde el interior del propio organismo.

Veo la ‘comecarne’ en la codicia de los propios funcionarios que, carentes de moral, exigen pagos clandestinos y en la de pseudoempresarios cómplices dispuestos a tentarlos con coimas. La veo en el tráfico de influencias que favorece a algunos y que relega a otros con iguales derechos.

Veo la ‘comecarne’ cuando, en nombre del desarrollo, propios y extraños, arrasan con humedales y manglares, y contra la naturaleza que pertenece a todos. Es perniciosa cuando se desacredita al vecino con murmuraciones. Es imperdonable cuando, sin medir consecuencias, se actúa en forma que termina por corroer el propio tejido social que nos debe unir. Pero, como la cura de la bacteria carnívora, el remedio contra la corrupción requiere tenacidad y perseverancia.

EXDIPUTADA