La Estrella de Panamá
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12 de Nov de 2019

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

Tía Lina (1920-2015)

‘... murió el viernes 20, ahora nuevamente ha recobrado su mente y su lucidez, solo que ya no acá entre nosotros’

Tía Lina (1920-2015)

Recuerdo que nos habían dicho que mi papá había ido a Cristóbal a buscar a una prima y por tanto tía segunda nuestra que venía de Italia en uno de los famosos barcos de la Italian Line, ella venía para ayudar a mi abuela a criar a los tres hijos de mi papá y viviría con nosotros. Era 1949 y yo tenía cuatro años, Pedro seis y Paulina dos. Recuerdo que mientras mi papá y Nonina iban a buscarla, nosotros tres subimos al apartamento de tía (de cariño) Toña de De Bernard. Ella se encargó de animarnos a ver positivamente su llegada. Recuerdo, como si fuera hoy, cómo los tres nos escondimos detrás del sofá de la sala para poder ver a la tía nueva, que resultó muy blanca, delgada, pero con unos ojos azules que destellaban cariño.

No sé si nosotros teníamos más miedo o aprehensiones que ella, o ella que nosotros. A los 29 años, soltera, en un país donde había nacido, pero que bebé se había ido de vuelta a Italia con su madre, tía Lina no hablaba español, pero nosotros, mal que bien, entendíamos el italiano de mi papá y mi abuela. Las reglas de mi papá no eran fáciles, no debía pegarnos, ser firme en el regaño, pero más que nada razonar para que entendiéramos los errores que cometíamos. No sé si en ocasiones quizá deseo pegarnos, tampoco éramos los mejores portados de niños, en especial Pedro que siempre mostró rebeldía, pero con el pasar del tiempo tía Lina se convirtió en nuestra mejor amiga, compañera en todo sentido. Cuando pocos años después se casaba con mi papá, nos pidió que entendiéramos que ni era nuestra mamá ni pretendía reemplazarla, simplemente seguía siendo tía Lina.

Tía Lina siempre estuvo allí, con nosotros. Por lo dedicado a la medicina de mi papá, le tocó a ella llevarnos, traernos, pasarse un mes de verano con nosotros en el sitio que decidíamos, fuese El Valle, Boquete, Cerro Punta o Taboga. Tía Lina siempre parecía tener buen humor, celebraba con nosotros los chistes, las bromas, las anécdotas y los cuentos. Pocas veces nos hablaba de ella o su vida joven en Italia, salvo un cuento que nos repitió muchas veces, cómo durante la Guerra Mundial estaba cruzando un puente y no vio que venía un avión de USA, pero un soldado alemán corrió a ella y la tiró abajo, salvándole, nos decía, la vida. De chico el cuento me fascinaba y cuando lo repetía siempre nos agregaba algún detalle más.

Tía Lina fue siempre nuestra abogada defensora, nos ayudaba a convencer a mi papá en temas donde teníamos interés nosotros, nos enseñó a ser lo más independientes posible y siempre creyó en nosotros. Para ella, los tres teníamos un potencial especial y ella no dudaba de nuestra capacidad. Con el tiempo entendí que, al no tener hijos ella, éramos sus hijos, sin que nunca nos indispusiera con nuestra madre biológica. De hecho, en casa vivimos siempre un matriarcado, el centro de todo era mi abuela, mamá de mi papá y tía de tía Lina. En resumen, la tía fue siempre dominante sobre ella, pero tía Lina supo acoplarse también a esa relación.

Tía Lina hizo en Panamá rápidamente amistades, pero prefería, tengo que admitir, sus amigas italianas. Con mi papá hablaba en italiano y se preocupó de que al menos lo entendiéramos, aunque, por la frecuencia de oírlo y lo parecido al español, al final llegamos a entenderlo y mal que bien hablarlo. No recuerdo haber nunca oído una discusión de ella con mi papá y me tendrían que quizá hipnotizar para recordarle un enemigo o alguien del que hablase mal. Ella era feliz con lo que tenía y pronto los triunfos de nosotros eran también de ella.

Hará diez años empezó a sufrir de Alzheimer y aquella mujer que nunca vimos hospitalizada ni con quebrantos serios de salud, se fue deteriorando. Tía Lina, que le fascinaba caminar, la vimos poco a poco no poder siquiera caminar sin asistencia.

Hace cuatro años, al morir mi hermano Pedro ni siquiera se enteró. Ya estaba literalmente ida mentalmente. Tía Lina murió el viernes 20, ahora nuevamente ha recobrado su mente y su lucidez, solo que ya no acá entre nosotros. Pero, allá, en el Cielo, donde Dios la ha llevado, se ha reencontrado con mi papá, su mamá, su tía y Pedro. Y desde allá, con su mente nuevamente clara, seguirá haciendo lo que siempre hizo desde ese 1949, cuidarme.

ANALISTA POLÍTICO.

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‘Cuando pocos años después se casaba con mi papá, nos pidió que entendiéramos que ni era nuestra mamá ni pretendía reemplazarla, simplemente seguía siendo tía Lina’