12 de Ago de 2022

  • Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Cita hemisférica

Panamá organizó una cumbre impecable y llevó un modelo de diplomacia y equilibrismo

Cita hemisférica
Ilustración.

Treinta y cinco gobernantes del continente americano se dieron cita en nuestro país; al igual que, en forma paralela, grupos no gubernamentales, para realizar la VII Cumbre de las Américas y Foros cuyo lema, ‘Prosperidad con Equidad: El desafío de cooperación en las Américas', fomentó la discusión de una agenda temática que afecta al hemisferio occidental, de índole académica, empresarial, juvenil y de la sociedad civil. En esta oportunidad enfocada en ocho ejes centrales distintos: salud, educación, energía, ambiente, participación, gobernabilidad, migración y seguridad.

Panamá exigió evitar temas litigiosos y eliminar una declaración política. En su reemplazo elaboró un documento final técnico, condiciones estas, quizá entendibles, ante la participación de países que enfrentarían temas cruciales en esta cumbre y que acapararon la atención de la mayoría, me refiero al triángulo EUA-Cuba-Venezuela, ante encrucijadas como el lento acercamiento de EUA y Cuba en la apertura de embajadas y la tensión de EUA y Venezuela ante la reciente declaratoria del presidente Barack Obama, firmada el mes de marzo, al referirse a Venezuela como amenaza a la seguridad de su país.

Maduro arribó al Istmo con un cúmulo de problemas internos que no aguantan más y su retórica confrontacional abierta contra Estados Unidos. Cuba participó por primera vez a esta cumbre, con un lugar en la mesa y se enfrentó ante una disidencia que presionó en algunos foros exigiendo reivindicaciones políticas y sociales legítimas. Castro, apuntado por una presión mediática, estuvo obligado a explicar sus condiciones para la normalización de las relaciones con EUA, ante la necesidad impostergable de la isla de aumentar las remesas y recursos financieros.

Mientras esto ocurría, Panamá, país anfitrión, acogió a distinguidos mandatarios y visitantes de las naciones americanas, que asistieron a este evento, reforzando la seguridad para esta convivencia; apoyándose con los miembros de nuestra Fuerza Pública, con un alto despliegue de tecnología de punta; que ayudaron a brindar la respuesta adecuada para el normal desarrollo de este encuentro continental y la estadía de los asistentes que participaron en valiosas reuniones que atendieron con agrado la agenda oficial, que cumplió con el rigor y estricto protocolo que merecen quienes nos acompañaron.

Era hora de hacer a un lado las pasiones y actuar de manera racional y ponderada, pese a algunos discursos cuestionables de algunos jefes de Estados, pudimos descansar de aisladas y ardientes arengas del pasado; si bien existen polarizaciones severas entre rivales geopolíticos, no deja de ser esta cita histórica una magnífica oportunidad para unir a un hemisferio dividido, que necesita unirse más allá de los temas inquietantes, de las divergencias de intereses y la variada gama protagonistas de esta cumbre; un consenso que deberá unificar las naciones y el momento propicio para concebir la construcción de relaciones más simétricas, rechazando los radicalismos y unilateralismos donde sea que provengan.

Esta Cumbre abre el camino para hacer un esfuerzo y alcanzar perdurables equilibrios, en este complejo y extenso juego de espacios entre países con crisis regionales y reconfiguraciones geopolíticas. Aspiramos, como país, a que hayan surgido proyectos, logrado consensos, hegemónicas propuestas y conclusiones que nos permitan, como Nación, mediar, para que se superen los rencores entre un bloque o dos sistemas sociopolíticos distintos, por contiendas diversas, en este complejo entramado de relaciones de fuerza e intereses internacionales.

América está dotada de una especial madurez para emprender el camino de la transformación y unidad regional y sus dirigentes comparten un halo especial de voluntad y paciencia política para concretar un viejo e histórico sueño colectivo. No creo que esta cumbre haya culminado con episódicos demostraciones de buena voluntad entre gobernantes; sino más bien logró avances importantes en la región, poniendo fin a la guerra fría en el continente y un viaje favorable de la visión norteamericana hacia América Latina.

Plausible la postura de nuestro mandatario de persistir en su intención de posicionar a Panamá, no solo como anfitrión de este escenario continental, sino como país líder en la región americana e insistir en el diálogo como la clave para sortear las crisis entre naciones. Debemos sentirnos orgullosos al capotear los escenarios de confrontación que hubiesen podido deslucir los actos. Panamá organizó una cumbre impecable y llevó un modelo de diplomacia y equilibrismo que permitió evadir difíciles coyunturas entre naciones. Haber logrado esto, compensa tanto gasto y esfuerzo realizado por nuestro Gobierno. ¡Valió la pena!

ABOGADO