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01 de Apr de 2020

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

Hace un año...

‘Hace un año, elegimos, dentro de cuatro lo haremos nuevamente, ¿habremos aprendido a escoger?'

Hace un año...
Hace un año...

Ayer hacía un año que los panameños nos despertamos con la ilusión de ir a votar y elegir un nuevo Gobierno. Recuerdo la alegría y el espíritu de fiesta que había por toda la ciudad, asumo todo el país, no había una predicción clara sobre quién tenía la mayoría de los votos, pero lo que nadie, insisto, nadie se podía imaginar era el resultado que tendrían las elecciones. No me refiero al triunfo presidencial, no, eso muchos lo predijeron, me refiero al resultado total de las elecciones.

Desde que yo me acuerdo, entre lo vivido y lo leído, jamás un presidente ganó con tan solo 12 diputados de 71. Una alianza logró 31 diputados y llegaba segundo su candidato, mientras el PRD lograba 23 diputados y llegaba último. Luego vinieron las impugnaciones, nuevas elecciones y todo lo que sabemos se hace en Panamá, para quedar 26 a 25 a 19 y un independiente. Pero, el partido barrido ampliamente en la Asamblea, representantes y alcaldías, se llevaba la Presidencia. Ese fenómeno algún día alguien lo explicará, por ahora, yo lo veo y sigo sin creerlo.

El cambio en estilo entre el presidente saliente y el entrante ha sido dramático. El uno iba a toda velocidad, proyectos brotaban de su equipo como agua de manantial, los costos nunca importaron, un Gobierno fiel a la fe del panameño que dice ‘Dios proveerá'. Pronto nos dio muestras de su estilo dictatorial, mazo en mano a los días de instalado fue a tirar abajo cercas en Amador, sin orden judicial ni razón legal, poniendo letreros ‘propiedad del Estado' en forma arbitraria e ilegal.

Luego vimos a la autoridad ordenar a los taxis pintarse de amarillo o dejar de circular, se les dio un par de meses y lo que ningún Gobierno había podido lograr, lo logró. El Gobierno de Martinelli mandaba y nadie podía dudarlo. Más importante, el presidente quería que se supiera que mandaba. Lamentablemente, a la par de los logros en obras, el Gobierno cayó en una espiral de corrupción que lo lleva a ser el Gobierno más corrupto en la percepción popular de la historia.

Juan Carlos Varela es totalmente, pero totalmente diferente. Con muy poca divulgación, sin cacarear lo que va logrando, Varela simplemente trabaja y no le importa mucho que no lo reconozca el electorado. Varela va de la mano de la Iglesia, para muchos en forma exagerada, pero con un profundo respeto por la separación de los poderes y en el respeto constitucional. Parece un político sin apuro, la vacante de Moncada en la Corte no parece interesarle en llenarla y da la impresión de que no mete sus manos en la Asamblea Nacional. Varela inclusive no parece muy interesado en su propio partido, en un año no hemos visto reuniones ni de directorio ni de directiva y ningún esfuerzo por aumentar su membrecía. En un año no ha sumado un solo tránsfuga.

Preside un gabinete que no tiene la agresividad ni presencia en los medios del gabinete de Martinelli. Y así como los ministros de Martinelli fueron tomando el estilo y maneras de su jefe, los de Varela están cayendo en lo mismo de Varela, poca agresividad, mucha paciencia, mucha calma. Ha tenido la suerte de pasar un primer año sin oposición, solo los disparatados mensajes del propio Martinelli desde los lugares donde ha estado, pero los partidos políticos simplemente existen, en un mar difícil de entender de apoyo-oposición, pero sin mayor peso en la opinión publica.

Curiosamente a la sociedad civil le pasó lo del perro que le ladra a la llanta, la alcanzo y no sabe qué hacer con ella. Hoy está casi desarmada y la opinión pública la manejan los medios televisivos sin que tengan, aparentemente, ningún otro fin que destapar toda la corrupción pasada y lograr justicia. Hoy, al despertar la ciudadanía ve a Álvaro Alvarado a ver qué nuevo escándalo hay por resolver, mientras que la justicia nuevamente encontró su paso lento que la caracterizó por décadas.

Panamá llegó donde iba. Lo que antes se sospechaba de corrupción en la Corte, corrupción en la Asamblea, coimas en el Ejecutivo y abuso de nepotismo ya sabemos que era verdad. Pero, ¿podemos corregirlo? ¿Puede Varela hacer el cambio? En mi opinión, sí puede, y quizá lo planea, con una constituyente, pero tendremos que aprender a aceptar su estilo, lento y casi secreto, donde muy pocos saben su propósito y meta. Hace un año, elegimos, dentro de cuatro lo haremos nuevamente, ¿habremos aprendido a escoger?

ANALISTA POLÍTICO.

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‘Puede Varela hacer el cambio? En mi opinión, sí puede, y quizá lo planea, con una constituyente, pero tendremos que aprender a aceptar su estilo, lento y casi secreto...'