Temas Especiales

25 de Oct de 2020

Jairo Ramos Quintero

Columnistas

Viviendo bajo el arco iris

‘... vemos cómo las estadísticas de los crímenes de odio aumentan y se recrudecen las penas contra las personas GLBT (en especial gays y...

Cuando llega el mes de junio en la mayoría de las naciones donde el estilo de vida y la expresión de la comunidad GLBT es aceptado, o por lo menos permitido, se sucede una serie de fiestas, marchas, caminatas, encuentros y otro variopinto tipo de actividades con los cuales se celebra el Día Internacional del Orgullo GLBT, una efeméride pletórica en simbolismos, gestos y sentimientos encontrados.

Aunque ya son 46 años desde que en Stonewall, New York, se gestó el embrión de lo que hoy en día es el movimientos reivindicativo de los derechos humanos de nuestro colectivo, no es menos cierto que nos encontramos con un panorama tan diverso como los son nuestras poblaciones.

Es de admirar cómo casi una veintena de naciones alrededor del planeta reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo en pie de igualdad con un matrimonio entre un hombre y una mujer, así como se hace en diversas regiones de México, los Estados Unidos y el Reino Unido. En el mismo plano en varios otros estados se reconoce la unión civil entre dos personas del mismo sexo, con los mismos derechos y deberes que el matrimonio entre un hombre y una mujer. Todos estos reconocimientos han ido acompañados (en algunos países) del derecho de adopción y otros muchos más que con anterioridad solo se permitían para parejas heterosexuales.

También es loable cómo las puertas al poder regional o nacional y el pleno ejercicio de múltiples profesiones han sido abiertas a muchos hombres o mujeres abiertamente homosexuales en varios de estos países, una muestra de la evolución que se ha producido en la mentalidad de muchas personas en todo el mundo.

Sin embargo, vemos cómo las estadísticas de los crímenes de odio aumentan y se recrudecen las penas contra las personas GLBT (en especial gays y transexuales) en diversas regiones, destacándose con mayor virulencia los casos en el Caribe, África, Medio Oriente, Asia Meridional y Sudoriental y Rusia. Cada día vemos cómo los reportes sobre ataques y asesinatos de hombres gays y mujeres trans se elevan en países como México, Brasil, India, Jamaica, Uganda y Rusia, mientras que las violaciones ‘correctivas' y asesinatos de mujeres lesbianas se siguen dando en Sudáfrica, Zimbabue, India y Ecuador. Los horrores a los que son cometidos nuestros hermanos y hermanas GLBT en el mundo no parecen tener límites, cuando vemos cómo se graban y se suben a YouTube y otros portales de difusión audiovisual de Internet los videos de las golpizas y torturas a las que se someten a varios jóvenes gay en Rusia, los linchamientos y ahorcamientos contra hombres gays en Irán, cómo torturan, queman vivos a otros pares en Uganda y como ISIS lanza a la muerte a otros tantos desde azoteas de edificios en el norte de Irak.

Y qué hablar de nuestro querido Panamá en donde, aunque se despenalizó la homosexualidad en el año 2008 y se ha suavizado un tanto el proceso del reconocimiento de la identidad legal de las mujeres trans, vemos cómo pasan los años y no se da curso a un proyecto de ley para penalizar la discriminación por orientación sexual e identidad de género, se suceden los discursos homofóbicos por periodistas y algunos medios de comunicación social y se dan cada año diversos crímenes de odio contras gays y trans que son desechados y dejados sin investigar por los responsables de esa función.

El momento es oportuno para recordar a nuestra comunidad que, aunque la temporada es de fiesta, también lo es para tomar conciencia del papel que representamos en esta gran obra de teatro que es la vida, donde puedes ser solo un extra más o una pieza de utilería o convertirte y representar tu papel de protagonista.

Ser cada día mejor ciudadano, responsables de nuestros actos, respetuosos de la Ley, defensores de los derechos de nuestra comunidad y orgullosos de lo que somos, de lo que amamos, de lo que sentimos, son los estándares que debemos alcanzar para así reivindicar un sitial dentro de nuestra sociedad que está allí, que nadie nos ha quitado y que solo el odio y la intolerancia de algunos ha hecho a muchos pensar que no existe.

A todos y a todas, a la gran familia que nacimos y vivimos bajo los colores del arco iris, vivamos intensamente nuestras diferencias defendiendo nuestro derecho a ser felices, a amar y ser amados, a ser tal como somos. Feliz Orgullo GLBT.