10 de Ago de 2022

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    Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

¿A quién le interesa la historia?

La expresión de Alfredo Castillero Calvo, respecto la percepción que se tiene del oficio de historiar

La expresión de Alfredo Castillero Calvo, respecto la percepción que se tiene del oficio de historiar, al decir que se le ‘mira como un quehacer menor, escasamente trascendente...', no deja de tener un peso importante. Los trabajos históricos y el estudio de la historia parecieran estrechados a un círculo no amplio de intelectuales. Esa trascendente tarea no valorada en su amplitud, ha tenido —por ello— efectos adversos en la juventud y consecuencialmente en toda la sociedad.

Desconocer la historia es navegar por un mar tenebroso sin brújula. Es negarse y negar todo. Es sumergirse en arena movediza y entrar en un enmarañado mundo en un viaje de ida sin regreso. En fin, es transitar por avenidas sinuosas y obscuras sin claridad en el camino. No cabe duda de que hoy se han dado pasos significativos en cuanto a formas de hacer historia e interesantes actividades académicas: congresos, foros, mesas redondas, revistas, artículos científicos y prolijas investigaciones dan cuenta de una fértil producción. No obstante, todo eso, puede escasear en su valor, si no hay correspondencia de esos resultados con la sociedad en su conjunto.

Si la historia y los trabajos históricos no son capaces de impulsar la construcción de conciencias, principalmente la de país, poco avance se daría entonces con todos los empeños realizados en esa materia.

Cada vez más observamos radicales distancia de la historia, considerada por muchos como un puñado de nombres, fechas y lugares que no solo deben ser expuestos memorísticamente, sino además de manera inconsciente, sin ningún beneficio académico. Bien dice, Pierre Vilar que: No he renunciado, sin embargo, a proclamar en un ámbito modesto, el ámbito pedagógico, que la historia es el único instrumento que puede abrir las puertas de un conocimiento del mundo de una manera, si no ‘científica', por lo menos ‘razonada'.

Por otra parte, la didáctica de la historia impone el diseño de estrategias que permitan el máximo aprovechamiento de los trabajos históricos y los entes educativos responsables de los currículos deben proveer las condiciones para que la historia se constituya en el pilar fundamental del conocimiento, pues no hay ninguno de ellos, que no apele a ella. Sostiene, Josep Fontana que: ‘Nuestros estudiantes están acostumbrados a una actitud pasiva ante la enseñanza de la historia que conciben como un conjunto de datos y noticias que se aprenden a través de la lectura de textos narrativos'.

De manera que no es posible hacer historia al margen de la sociedad. Ello no es permitido ni tampoco conveniente, pues quedaríamos en el marco de la formalidad en su enseñanza y así mismo en el quehacer histórico que debe ir más allá de eso. Por ello pareciera que la historia no interesa a muchos, pero sí a quienes le dedican tiempo como un oficio o por afición.

Hay que anular el desinterés y rescatar el interés histórico. Hay que superar el simple dato o hecho por las consideraciones respecto de los movimientos o procesos que a fin de cuenta le dan verdadero sentido a la historia. Con un conocimiento histórico auténtico construiremos verdadera conciencia.

DOCENTE UNIVERSITARIO.