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23 de Jan de 2021

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Roberto Ruíz Díaz

Columnistas

Reelección directa o indirecta ¿necedad necesaria?

La Constitución Política de la República prohíbe taxativamente siquiera la intención de la reelección directa

La Constitución Política de la República prohíbe taxativamente siquiera la intención de la reelección directa, pues no da margen a mayor interpretación, aun cuando algunos buscan hilar delgado en sus argumentos.

Otros con más recelos, se abocan a opiniones sobre que la misma norma constitucional puede violar derechos humanos de quienes han ejercido el cargo de Presidente de la República. Incluso si lo vemos con otros cargos de elección popular, la reelección solo le está vedada al que haya sido Presidente de la República, lo cual puede igual contrariar el artículo 19 de la Constitución, que habla de fueros y privilegios.

En Panamá hemos tenido varios presidentes que han regresado al poder. Pero ninguno trató de modificar la Constitución estando en el cargo, hasta que en 1998 Ernesto Pérez Balladares intenta reformarla para su beneficio particular y, ya es conocido por todos el rechazo de casi el 70 % de la población. Lo que nunca se supo es si el rechazo era a la figura de la reelección o fue a la del Presidente que en su Gobierno privatizó entidades estatales e incluso los juegos de azar que por Constitución en su artículo 297 señala que son de exclusiva explotación por el Estado. Esa duda ha quedado, pues no se ha vuelto a consultar.

Recientemente ya para el año 2013 se volvió a discutir el tema, algunos diputados hablaban, por estar bien con el que está en el poder, que había una viabilidad legislativa sin pasar por una reforma constitucional como debe ser.

Ahora bien, en Costa Rica la Constitución era más rígida en ese aspecto, ya que impedía la reelección de Presidente en forma permanente y, por una demanda que interpuso el abogado y exembajador Edgardo Picado, la Corte Constitucional determinó que dicha norma violaba los derechos humanos de los expresidentes. Esta decisión favoreció la postulación y elección de Oscar Arias. Mismo argumento se uso en Nicaragua.

Lo cierto es que la gente de a pie se pregunta, ¿para qué quieren ser presidentes nuevamente? La mayoría sale con índices bajos de popularidad y con dudosas riquezas; cuestionados por su repentino cambio de vida o embebidos de soberbia y prepotencias, al punto de declararse la medicina que cura el cáncer de la corrupción, que quizá ellos mismos ayudaron a producir.

¿Será una necedad necesaria? o ¿es que no hay más personas que sientan el interés y la vocación de servicio, más allá de pensar en cómo llenarse los bolsillos o cómo terminar de llenar esos bolsillos que en su momento no pudieron llenar bien?

La duda siempre está en el ambiente, más cuando se dice que nadie es imprescindible, como para que se crea el mesías que debe volver. La experiencia de un exgobernante siempre es de tomar en cuenta, pero reelegir a los que fueron en los últimos 20 años se me hace difícil.

Insisto, como aparecen en múltiples artículos míos, la reelección como figura no es mala, imponerla o querer implantarla por el que está de turno en el poder es lo que hace que se rechace el tema. Porque para ser justo, ¿si le permitimos reelegir a muchos diputados y alcaldes cuestionados, por qué no se le permite a los presidentes? Total, al final es el pueblo el que decide. O siendo más estricto, no hay reelección para ningún cargo y vemos caras nuevas cada cinco años.

Así veo las cosas y así las cuento.

ABOGADO