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24 de Jan de 2021

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Marco A. Gandásegui, Hijo

Columnistas

El reencuentro entre La Habana y Washington

A mediados de mes viajó a Washington el canciller cubano, quien izó el pabellón de su país en la sede de su embajada

El reencuentro entre La Habana y Washington
El reencuentro entre La Habana y Washington

A mediados de mes viajó a Washington el canciller cubano, quien izó el pabellón de su país en la sede de su embajada desocupada durante más de 50 años. Igual misión cumplirá a mediados de agosto el secretario de Estado de EE.UU., quien llevará su bandera a la vieja sede diplomática de ese país en La Habana.

El acercamiento diplomático entre ambos países, producto de las negociaciones entre los presidentes Castro y Obama, se produce en una coyuntura internacional complicada. La lucha por la hegemonía global se agudiza. Europa está en medio de una grave crisis. En América Latina, EE.UU. continúa interviniendo militarmente y socavando Gobiernos con anhelos de más autonomía.

Desde afuera, el reencuentro entre EE.UU. y Cuba parece un choque entre una locomotora y una bicicleta. EE.UU. tiene en su agenda el cambio de régimen en Cuba. A su vez, La Habana tiene como objetivo abrir los canales comerciales bloqueados por Washington hace medio siglo. A todas luces, son objetivos contradictorios. La pregunta es si ¿EE.UU. abrirá un espacio para la colaboración?

La clase capitalista hegemónica (la oligarquía financiera) norteamericana convenció al conjunto de la clase dominante de EE.UU. que la Revolución cubana no colapsará como consecuencia del fin de la experiencia soviética a fines del siglo pasado. También descubrió que solo una invasión de la isla puede acomodar sus intereses. Pero no una invasión militar. Piensan en términos de una invasión de capitales —saturación económica— que bien manejada puede desestabilizar la Revolución cubana.

Para Cuba llegó el momento de la verdad. La Revolución solo sobrevivirá si logra ‘convivir' con el mundo capitalista que literalmente la rodea. Diplomáticamente logró insertarse en América Latina. Mantiene relaciones económicas con Europa Occidental y Canadá. Ha logrado establecer puentes eficaces con China y Rusia. ¿Puede dar el paso hacia EE.UU? Los cubanos saben que Washington no se acerca con buenas intenciones. ¿Pero qué Estado capitalista ha mostrado en la historia de los últimos 250 años ‘buenas intenciones'? El último presidente soviético, Gorbachov, y quien fuera el líder reformista chino, Deng, son testigos. Cuba tiene esas lecciones del pasado reciente para desarrollar una estrategia que evite los errores de Moscú y no caiga en las medidas extremas de Pekín. No hay que olvidarse que Cuba es una isla con 12 millones de habitantes. China y Rusia, en cambio, son países continentes.

EE.UU. inicia en estos momentos un período preelectoral. La cuestión cubana será parte importante de los debates dentro de los partidos y entre los partidos. Lo interesante es que la oligarquía norteamericana (el capital financiero) y las fuerzas armadas están de acuerdo con abrir un nuevo capítulo (o libro) en lo que se refiere a las relaciones con Cuba.

En Cuba no hay presos políticos como lo define el derecho internacional. Es decir, los privados de libertad en Cuba que han cometido crímenes contra la sociedad, no son políticos. En EE.UU., en cambio, si hay miles de presos políticos, especialmente entre aquellos que luchan por sus derechos civiles.

EE.UU. tiene un marco de referencia global. Su preocupación central en esta coyuntura es la emergencia de China. No solo como potencia industrial. China se ha convertido, también, en un factor competitivo en el mundo financiero con la creación del Banco Asiático y otras iniciativas. Lo que más le preocupa a EE.UU. es el futuro y los avances militares que realiza China que pueden dejar atrás a EE.UU. Por otro lado, tiene un ojo puesto sobre Alemania. El distanciamiento de Berlín frente a la crisis ucraniana y el despliegue de sus alas imperialistas frente a la pequeña Grecia, le envía claras señales a Washington.

Irán es una pieza clave en la agenda norteamericana en el Medio Oriente, rico en petróleo, que EE.UU. ya no necesita para satisfacer sus necesidades internas, pero que cree su ‘derecho' controlar. Irán, paradójicamente, es la pieza que necesita Washington para controlar a Arabia Saudita y al Estado de Israel. ¿Llegarán Teherán y Washington a un acuerdo que trascienda la cuestión nuclear? Es probable.

Si sumamos a Rusia a estos movimientos geopolíticos, la situación se aprecia un poco mejor. El eje euroasiático frente al pacto noratlántico parece estar definiéndose cada vez con más claridad. Cuba puede maniobrar en estos caminos apretados y zigzagueante como ciclista experimentado. Su triunfo sobre la ‘locomotora' (o imperialismo) dependerá de la probada sabiduría de su pueblo en esta nueva coyuntura.

*PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.