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21 de Jan de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

¡Buenos modales, signo de buena educación!

En todo lo relacionado a la obvia relación que existe entre la cortesía y el comportamiento humano

En todo lo relacionado a la obvia relación que existe entre la cortesía y el comportamiento humano, siempre rozamos el tema de los buenos modales, porque, en realidad, lo consideramos parte de la cortesía. Sin embargo, los buenos modales van más allá y llegan a constituirse en parte esencial del comportamiento humano.

Así, podemos definir que el comportamiento humano se traduce en los modales de la persona.

Podemos definir los modales como los modos que empleamos para exteriorizar algo que sentimos, o que vamos a hacer. Con ellos mostramos a otros nuestra propia imagen, y son tan espontáneos que hasta sin quererlo nos delatan ante los demás tal y como realmente somos. Lo que se ha dado en llamar buenos modales, que son normas convencionalmente admitidas por un grupo, se adquieren con la formación que en el hogar se recibe. Hemos podido comprobar mediante el comportamiento individual, que las bases formativas de las personas se adquieren dentro del seno familiar y se continúan y perfeccionan en la escuela.

Está demostrado que hay en nosotros una tendencia innata a tener determinadas formas de comportamiento; y es así, por ejemplo, que a veces en las maneras elementales y rudas de un campesino o de una persona residente en barrios bajos de la ciudad encontramos modales de príncipes; pero hay otros que nacidos en ambientes más cultos, se comportan con la brusquedad y rudeza de un salvaje. Para unos y otros hay remedios siempre y cuando ellos quieran corregirse y estén firmemente dispuestos para lograrlo. En el primero existe una disposición natural que facilitará el resultado, en el segundo los frutos serán positivos en la medida en que él se esfuerce por alcanzarlos.

En general entendemos como modales correctos los que no hieren a otros, molestan u ofenden. Nada más tonificante que ver moverse un cuerpo con armonía ya sea dentro de una oficina, en un gran salón, al tomar asiento, contestar al teléfono, saludar, recibir a alguien, tomar los alimentos, ocupar un lugar en el teatro, ceder un asiento en el colectivo, etc. Pero hay algo más: los modales incorrectos producen el efecto contrario.

De hecho quien los tiene aleja de sí a otros, porque nada hay más chocante y ofensivo que alguien (sin consideración) escupa en el suelo cuando va por la calle o dentro de un autobús, o aquel que sin el más mínimo asomo de respeto entra a un despacho público o privado y no saluda a los allí presentes, coloca en un teatro los pies en el respaldar del asiento, o grita y ríe ruidosamente en una oficina, sin pensar que con ello molesta a los demás compañeros de trabajo; o aquel otro que golpea fuertemente a una puerta para llamar, o presiona continua y persistentemente el timbre cuando inmediatamente no se responde; o ese otro u otros que no comprenden la filosofía del deporte y sin ningún miramiento lanzan al campo de juegos botellas, papeles, frutas y otros elementos contundentes, acompañando esta acción con palabras soeces.

Por otro lado, en general todos queremos causar buena impresión en quienes nos rodean, luego es preciso como parte de ese complejo juego que es el de las relaciones humanas, tener buenos modales. Lo contrario, resta muchos puntos a cualquier acción nuestra por buena que ella sea. Ejemplo: si queremos obsequiar algo a un amigo y al ir a su casa no lo encontramos, jamás cometeríamos la tontería de dejar tirado en la puerta de la casa el obsequio. Notaríamos que el gesto es bueno pero no el modo de expresarlo y eso ya destruye casi totalmente lo positivo que había en la intención.

Propongámonos diariamente pulir nuestros modales. Procuremos que nuestras acciones estén en consonancia con nuestra naturaleza de seres humanos y por ende con la de quienes están en directa relación con nosotros. El perfeccionamiento llegará paulatinamente pero en forma constante, convirtiéndose en un hábito grato, para nosotros y de hecho para los demás. En resumen, son correctos los modales que no ofenden a otros; y son incorrectos los modales que incomodan a quienes tienen que tolerarlo.

MAESTRO DE CIUDADANOS.