Temas Especiales

30 de Oct de 2020

Carlos E. Rangel Martín

Columnistas

La guerra que empezó 14 siglos atrás

La admisión de refugiados es una obra de caridad que debemos aprobar si somos cristianos

La admisión de refugiados es una obra de caridad que debemos aprobar si somos cristianos, porque Jesús pidió que le hiciéramos el bien incluso a nuestros enemigos, pero Jesús ni siquiera aproximadamente le sugirió a nadie que acogiera a lobos disfrazados de ovejas que planearan descuartizar al rebaño cuando surgiera la oportunidad, como empezaron a hacer algunos refugiados en Europa, con protestas violentas contra los Gobiernos y los ciudadanos que los acogieron y que, como pandillas que controlan algún barrio, imponen la Sharía, que es el conjunto de leyes que específica cómo aplicar los mandatos de ‘Alá' a todas las acciones humanas.

La Sharía es una legislación despótica que ‘legaliza' la repetida violación de los derechos humanos, especialmente contra las mujeres, puesto que permite esclavizarlas, mutilarles los genitales, apalear a las casadas, lapidarlas por ‘causas de honor', practicar pedofilia con niñas, ejecutar homosexuales y decapitar a todos aquellos que rechacen estas prácticas; en resumen, todo lo que caracteriza al salvaje genocidio que hoy día está ocurriendo en el Medio Oriente y que muestra la forma brutal como Mahoma le impuso el Islam a muchos pueblos a principios del siglo VII D.C.

Los cristianos debemos tener muy claro que la imposición de leyes violadoras de los derechos humanos de ninguna manera puede considerarse como una ‘religión' que, por definición de la palabra, procura establecer una relación armoniosa del hombre con Dios y con sus semejantes. Todo lo contrario, la Sharía tiene todas las características de un diabólico fanatismo que algunos líderes fanático-políticos han impuesto en todos los países donde han logrado apoderarse del poder, algo que puede iniciarse con la sutil infiltración de creyentes radicales quienes, haciéndose pasar por refugiados, desde su llegada han estado evaluando hasta dónde pueden violentarse, tirando al suelo la comida y el agua que les dispensan, pero que otros cómplices seguramente luego les suplen a escondidas.

Resulta que el Corán, escrito por Mahoma, le recomienda a sus seguidores mantenerse tranquilos mientras no tengan la fuerza suficiente para imponer su Sharía en algún lugar; y algunos refugiados son como bombas de explosión retardada que, en cuanto pueden, dan inicio jubilosos a la sangrienta erradicación de todos los ‘no-creyentes'. Este tipo de conducta obedece los instintos más bajos de dichos fanáticos, como el deleitarse y celebrar la decapitación de los no-creyentes y el esclavizar y repartirse las mujeres que no acepten semejantes abominaciones.

Estos fanáticos generalmente viven en comunidades prácticamente cerradas llamadas ‘ummas', y desde niños se les inculca que, a pesar de las atrocidades que ellos cometan, son moralmente superiores a los no-fanáticos; y el hecho de que los países riquísimos gobernados por musulmanes les hayan negado la más mínima ayuda a estos refugiados solo puede interpretarse como una forma camuflada de colaboración.

Nuestro Gobierno debe establecer claros requisitos mínimos para todos los refugiados que acojamos, especialmente cuando no muestren prueba alguna de que son perseguidos a muerte; y debe expulsar inmediatamente a cualesquiera que se violenten injustificadamente. No hacerlo sería repetir lo que la Sra. Mireya Moscoso hizo para congraciarse con el Sr. Álvaro Uribe, cuando ambos eran presidentes de Panamá y Colombia respectivamente, permitiéndole entrar a Panamá a todos los colombianos que quisieran hacerlo sin necesidad de visa ni de siquiera mostrar un decente record policivo, para que a nuestro país llegara toda clase de criminales, particularmente numerosos sicarios que hasta ese momento prácticamente no teníamos y que ahora cometen asesinatos por encargo en cualquier lugar y hora del día; algo que también le da pésima e inmerecida fama a los inmigrantes honestos y trabajadores de todas las nacionalidades que nos han ayudado a progresar económica y culturalmente.

Los panameños deseamos un país donde, como dice nuestro himno nacional, ‘solo reine el amor fraternal' , y el Catecismo de los Apóstoles también nos recomienda: ‘Que tu limosna sude en tus manos, hasta que sepas a quién das'. De no proceder cautelosamente, seguramente terminaríamos dejándole a nuestros descendientes un país muchísimo peor que el que recibimos de nuestros antecesores.

*JUBILADO DEL CUERPO DE INGENIEROS DE EUA.