21 de Feb de 2020

Pedro Rivera Ramos

Columnistas

Reflexiones sobre el 3 de Noviembre

No pretendo examinar los hechos ocurridos antes, durante o inmediatamente después del día 3 de Noviembre de 1903

No pretendo examinar los hechos ocurridos antes, durante o inmediatamente después del día 3 de Noviembre de 1903. Ese estudio minucioso, objetivo, imparcial y desapasionado, que a mi juicio, aún seguimos todos aguardando, les sigue correspondiendo en primer lugar, a los historiadores panameños. Pero esa separación no fue ni fruto de la casualidad ni, mucho menos, de la espontaneidad. Sobre ella pesaban cuatro separaciones anteriores y más de quince intentos de secesión. Sin embargo, la separación de 1903 tiene la particularidad de la intromisión directa del Gobierno estadounidense por hacerse del control militar y económico, de la estratégica zona de tránsito que representaba nuestro país. De ese modo, nuestros primeros pasos como Nación independiente se dan justamente de la mano de una poderosa nación que no solo construyó el Canal Interoceánico, sino que ha estado gravitando siempre a lo largo de casi toda nuestra historia. Así, la historia de ese Canal que hace poco cumplió cien años de su construcción, ha estado y seguramente estará, marcando el devenir histórico de nuestra Patria.

Aun cuando mucho importan las valoraciones que hagamos de los hechos ocurridos en torno a la gesta separatista del 3 de Noviembre de 1903, sobre el comportamiento de sus protagonistas; sobre los intereses económicos y personales prevalecientes; el arraigo y amor a la tierra en la que se nace; el desarrollo y nivel de las ideas y el conocimiento alcanzado en esos tiempos; importan también y mucho, sobre todo para la juventud panameña, las lecciones históricas que dejan acontecimientos como éstos, para asumir el presente y el futuro próximos, con la irreverencia que le es propia y con la convicción de que solo habrá una Patria justa, soberana y verdadera, cuando los vicios del pasado, que parecen todavía acentuarse en el presente, sean superados para siempre y la juventud cumpla con el rol purificador que le corresponde.

Este 3 de Noviembre y al cabo de ciento doce años de aquella gesta, nos encuentra con un Gobierno que próximo a cumplir dos años, parece necesitar un tiempo mayor para definir con claridad su rumbo a seguir. Asimismo, persiste una sensación bien extendida en nuestra población de que corrupción e impunidad son sinónimos; de que las injustas desigualdades sociales crecerán; la inseguridad ciudadana continuará; la riqueza de la sociedad seguirá concentrándose en pocas manos; que la ampliación del Canal y el maná prometido que tal obra asegura representar, no cambiará nada de esto en lo absoluto. Es decir, seguimos construyendo una Nación insostenible en términos éticos y de justicia social para todos los panameños. Y todo esto pese a nuestros esfuerzos como pueblo para conservar el optimismo y creer que el futuro siempre será mejor que el presente. Pero esto tiene un límite peligroso.

Aspiro que este hecho tan crucial en nuestra historia, se convierta a partir de este 3 de Noviembre —o alguna vez sea— en ese punto de inflexión que tanta falta nos hace como pueblo, para enrumbar a la Nación por nuevos derroteros, donde todas las lacras sociales y económicas, que tanto daño hacen a la verdadera paz y tranquilidad de nuestra sociedad, sean por fin superadas para siempre. Será sin dudas, tarea de esta generación y de las venideras, construir un país genuinamente democrático y participativo, donde todos los panameños importen y donde todos sientan efectivamente que la prosperidad social llega a sus mesas y familias; donde la educación es un derecho humano fundamental; donde la pobreza material no necesite paliativos temporales; donde el disfrute de la cultura alcance a todos los panameños y sea un componente consustancial de sus vidas; donde la medida del buen ejercicio de un gobernante sea medido en términos de la felicidad de su pueblo y no de las grandes y faraónicas obras que esconden, muchas veces, segundas intenciones.

INGENIERO