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29 de Feb de 2020

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

Al oído de una fiscal de “mano dura”

Ella tiene cuatro hijas menores, una de tan solo tres años. Están solas con su padre.

Ella tiene cuatro hijas menores, una de tan solo tres años. Están solas con su padre, el cual, por la necesidad de buscar el pan de cada día, poco las atiende. Tampoco puede pagar para que se las cuiden. La madre de las pequeñas está detenida preventivamente. Se le niega una medida cautelar menos trágica, quizá por pobre. Son largo cuatro meses y sin que, hasta la fecha, aún de las acciones del representante legal, logre salir de la celda mientras dure el proceso. Acusada por su patrona de hurtar dos diamantes, cuya existencia a la hora de la pérdida no se ha probado. Se me ha dicho que hay inconsistencia en la acusación, pero la doméstica sigue tras las rejas. Y sus pequeñas, en el peor de los abandono, castigadas por la fiscal de ‘mano dura '.

Mientras esta es la realidad de esta mujer descendiente de la etnia Ngabe-Buglé, que desde lejos llega a Colón en la búsqueda de mejor suerte, en otros casos, muy sonados, de millones hurtados al fisco nacional, tienen medidas cautelares no tan dura como la sufre esa desdichada mujer. Porque en verdad, la cárcel debe ser la última instancia, sobre todo por el principio de la ‘presunción de inocencia '. Pero es la doble moral de la justicia, y la de algunos de los fiscales, lo que lleva a la deplorable verdad de que la justicia tiene doble cara: la que se le aplica a los ricos y la que se aplica a los pobres. Justicia para unos, injusticia para otros.

Los denunciados de alto perfil son atendidos por renombradas firmas de abogados. Se hacen también del apoyo familiar (y esto está bien, ‘familia es familia ', ha dicho el cantante) y de las expresiones de solidaridad de personajes renombrados y de gremios, incluida la iglesia. En el otro, de aquellos que no tienen amigos o padrinos poderosos y cuyos gastos para la defensa incrementa sus penurias, para estos desvalidos solo la espera tras las rejas, en la soledad del calabozo, es la alternativa. La injusticia y la insensibilidad del juzgador nos lleva a pensar lo tan inhumano que es la Ley cuando de desposeídos se trata.

Mirar el caso de Estéfani Valdespino, de la comunidad de Villa Londra de Colón, nos ratifica lo tan falsa que puede ser la justicia. Sabemos que la detención preventiva busca evitar el peligro de la fuga, la posible destrucción de prueba, o cuando el delito así lo exige. Pero esa no es la situación de esa madre, que no tiene la más mínima posibilidad de esconderse en el confort de los millones. Al llegar en fecha reciente a su residencia pude sentir la soledad de las adolescentes, y la pobreza de su morada. Familia privada de lo mínimo, que ahora hace gastos en la defensa de una posible inocente.

La pregunta: y ¿quién restituye el daño moral, el sicológico y el financiero, de resultar la enunciada, como piensa quien escribe, inocente del supuesto hurto? Unos diamantes que no aparecen, y cuya dueña tiene el derecho a que se investigue, pero cuyo acto incriminatorio es tan solo la acusación de la afectada. Así, las horas pasan sin que la puerta de la cárcel se abra, también el silencio de aquel hogar es la bofetada más dura a la esencialidad de la justicia.

DOCENTE UNIVERSITARIO.