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25 de Oct de 2020

Zion Evrony

Columnistas

Cuál es el próximo paso en las relaciones judeo-católicas

Cuando llego a sesiones en el Vaticano, después de pasar frente a la guardia suiza y ya caminando por los magníficos suelos de mármol

Cuando llego a sesiones en el Vaticano, después de pasar frente a la guardia suiza y ya caminando por los magníficos suelos de mármol, pienso algunas veces sobre el largo camino que hemos recorrido juntos, los cristianos y los judíos, en los últimos 2000 años, y en especial en los últimos 50 años: desde el rechazo y la negación hasta el reconocimiento, el diálogo y la amistad.

Este cambio tuvo lugar como resultado de la confluencia de cambios teológicos y políticos, el más importante de ellos fue la adopción del documento ‘Nostra Aetate ' (‘En nuestros tiempos ') el 28 de octubre de 1965, al finalizar el Concilio Vaticano Segundo.

Este documento revolucionó la actitud de la Iglesia Católica hacia el pueblo judío y es considerado como la ‘Magna Carta ' del diálogo judeo-católico. El pueblo judío fue exonerado de la acusación colectiva por la muerte de Jesús, una acusación que fue la fuente principal del antisemitismo religioso a lo largo de la historia.

La percepción ampliamente generalizada de los católicos respecto a los judíos hasta 1965, ya sea como un pueblo condenado por Dios a sufrir el exilio y la degradación y por la iglesia cono un ‘Nuevo Israel ' en un sentido excluyente, fue reemplazado por las palabras del papa Juan Pablo II: ‘Sois nuestros entrañables y bien amados hermanos... nuestros hermanos mayores ', y las palabras del papa Francisco: ‘Un cristiano no puede ser antisemita debido a nuestras raíces comunes '.

¿Cómo sucedió este cambio? Después de la II Guerra Mundial y el Holocausto, muchos cristianos comenzaron a hacer un examen interior y se preguntaron si acaso el discurso católico tuvo un efecto que contribuyó a la difusión del odio hacia los judíos que hizo posible el holocausto.

Este proceso de introspección cristiana llegó a su máximo impulso durante el pontificado del papa Juan XXIII (Angelo Roncalli). Cuando fue delegado apostólico en Turquía durante la II Guerra Mundial, Roncalli ayudó a salvar judíos de Hungría y Bulgaria.

Después de la guerra y ya nuncio en París, comenzó un diálogo con el historiador y filósofo judío Jules Isaac, que continuó hasta después de que fue electo papa en 1958. Este diálogo ayudó a configurar los puntos de vista de Roncalli y su decisión de cambiar la postura de la Iglesia hacia los judíos.

El documento ‘Nostra Aetate ' delinea los nuevos principios de la Iglesia hacia el judaísmo, siendo el más importante la exoneración de la acusación de deicidio y la afirmación que los judíos son todavía muy amados por Dios, quien no revocó su pacto con ellos. Este documento también condena abiertamente el odio, las persecuciones y manifestaciones de antisemitismo contra judíos en cualquier momento y por cualquier persona.

Siguiendo a la adopción de la ‘Nostra Aetate ', la Iglesia Católica publicó otros documentos con instrucciones para su implementación y la manera correcta de presentar a los judíos y el judaísmo en la enseñanza y en las plegarias.

La reacción judía hacia este cambio teológico fundamental dentro del catolicismo fue positiva. Por ejemplo, doscientos veinte rabinos, líderes e intelectuales de todas las corrientes del judaísmo, adoptaron el documento ‘Dabrú Emet ' (‘Decir la verdad ') que sugiere ocho temas de base común entre el judaísmo y el cristianismo, mientras reconoce las diferencias teológicas entre ellos.

‘Nostra Aetate ' allanó el camino para el desarrollo de varios procesos: posibilitó un diálogo directo entre la Iglesia Católica y el pueblo judío y entre el Vaticano y el Rabinato Principal de Israel. Más aún, el reconocimiento del Estado de Israel, el Acuerdo Fundamental entre la Santa Sede y el Estado de Israel de 1993, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos en 1994 y las visitas oficiales de tres papas en Israel, todo esto no habría sucedido sin la adopción de ‘Nostra Aetate '.

Cincuenta años después de ‘Nostra Aetate ', el diálogo judeo-católico mejoró en forma muy significativa. Hoy en día el diálogo es abierto, honesto y cálido. No obstante, es tiempo de dar un paso adelante más allá de los temas del diálogo actual hacia un nivel superior y en varias formas: el desafío principal consiste en difundir el mensaje de ‘Nostra Aetate ' en todas las comunidades cristianas, en especial en África y Asia donde el cristianismo crece con rapidez, y entre las nuevas generaciones.

En este sentido, es importante explicar a los católicos el vínculo importante del pueblo judío con la Tierra de Israel. Al mismo tiempo es también importante educar comunidades judías respecto a la importancia del documento. La sólida postura del papa Francisco contra el antisemitismo puede servir de base para un programa práctico universal de educación con apoyo de comunidades católicas y judías en cualquier sitio y de network de la embajada israelí y la embajada de la Santa Sede.

Estoy convencido de que el diálogo judeo-católico puede ahora enfocarse en un intento de crear una agenda humanística común y universal, basada en el respeto hacia otros credos, la protección de la libertad religiosa y de los derechos de las minorías religiosas y en especial: el rechazo al extremismo religioso y al uso de la violencia en nombre de Dios. Expandir este diálogo e incluir otras denominaciones cristianas y religiones, puede ser un paso adelante importante hacia un verdadero diálogo interreligioso universal y entendimiento mutuo.

*Embajador de Israel en la Santa Sede y exembajador en Irlanda.