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21 de Oct de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

La soledad del pindín

El 2015 agoniza y se cumple otro año más en que el pindín moderno continúa caminando a ciegas por la senda del despecho

El 2015 agoniza y se cumple otro año más en que el pindín moderno continúa caminando a ciegas por la senda del despecho. El pindín de estos tiempos del celular no avanza porque está guiado por una ‘jarria' de compositores que se copian de baladas del siglo pasado y las adornan de pura música chatarra detrás de la cual no hay nada más. Así no le vamos a poner el ‘frac' a la música típica panameña para que se presente en el exterior, de esta manera no trascenderá fronteras y menos tendremos el inmenso honor de que la Unesco declare algún día al pindín como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, como lo ha hecho recientemente con el vallenato colombiano.

Nuestro típico es alegre se puede cantar, bailar y parrandear como en efecto se hace en forma masiva, pero vemos que se ha empantanado en el ritmo. Escúchenlo, hoy por hoy nuestra música típica solo es un ritmo que adolece de la melodía de antes. Fíjense que le falta el candor de los tiempos en que chico Purio Ramírez se inspirada en Deyanira (Chico quiere a Deya). Esa pieza fue creada con ritmo y con melodía, tanto así que todavía nos sorprendemos cuando escuchamos a la gente del campo silbarla por los caminos. Lo mismo ocurre con la música de Dorindo Cárdenas y algunos recuerdos de Gelo Córdoba.

Por estos días en nuestra música típica prevalece el tema del despecho en donde no se hacen referencias de peso por darle pie a temas intrascendentes como: ‘La quemadera', el doble sentido sin mucha gracia el despecho y punto. No se cuentan historias reales de esas tantas que hemos vivido y que transcurren a diario. Ahora pueda que el formidable pindín esté destinado a regresar a su origen y curarse. De ser así volverá por sus laureles ‘el rabo de micho' que también alegraba el alma sin tantos aparatos electrónicos. Se alumbraba con guarichas, la mujer del conjunto cantaba y salomaba más que ahora y las fiestas salían tan grandes que los tierreros en donde se bailaba no quedaba enterrada ni una sola raíz de matillo.

Algunos conocedores responden que esta música tan formidable como el pindín, es solamente para nosotros, pues ella sin contenido a veces ha sobrevivido a todos los embates extranjeros; si no fíjense cómo el regué ha tratado de asomarse a los aires típicos y ha sido sacado a patadas de esos escenarios. Pueda ser pues que el pindín no solamente prevalezca como el número uno en Panamá, sino que mejore en el sentido del sentimiento nacional para que las huellas del periplo nacional no se pierdan.

ESCRITOR COSTUMBRISTA