23 de Feb de 2020

Ricardo D. Salcedo Suárez

Columnistas

Penosas migraciones

Se fue el año 2015 y entre sus acontecimientos notorios figuró, en sitio destacado, la tragedia de emigraciones desesperadas de personas

Se fue el año 2015 y entre sus acontecimientos notorios figuró, en sitio destacado, la tragedia de emigraciones desesperadas de personas: o huyendo de la muerte y de enormes sufrimientos, unos; o en búsqueda de porvenir no miserable económica, ambiental y moralmente, otros. En dos de estos escenarios por razones políticas y, en otro, por económicas y de subdesarrollo.

En el caso de sirios, afganos y africanos, éstos abandonan sus hogares y países para huir de refriegas mortales, de hambrunas consecuentes, o de maltratos crueles aplicados por los que desean alcanzar, o mantener, el control político; o por los que buscan impedírselo. Estos emigrantes que han atravesado Turquía, o cruzado el mar Mediterráneo para llegar a Europa, encima han sufrido en algunos países impedimentos para atravesarlos y arribar a Alemania y a naciones que generosamente los pueden acoger y asimilar en sus modelos económicos y culturales. Estos países humanitarios, mientras integran a refugiados, financian: su alimentación, albergues, medicación, movilización interna y a distancia, protección, documentación, enseñanza de idiomas, y adiestramiento para trabajar.

En el caso de los centroamericanos, mexicanos y de otros países afroindoamericanos, éstos recorren kilómetros de caminos para arribar a la frontera con los Estados Unidos de América, penetrarla, conseguir trabajo y mejores condiciones de vida y de futuro de las que dejan en sus países originarios, e implorar no ser deportados mientras regularizan su situación migratoria y de autosuficiencia.

En el caso de los cubanos, que a pesar de la rotura de relaciones diplomáticas de su país con EE.UU. han intentado por más de medio siglo cruzar subrepticiamente el estrecho de la Florida, en embarcaciones de todo tipo para alcanzar el ‘sueño americano', ha funcionado recientemente una alternativa semioficial. Esta consiste en que el gobierno cubano actual permite que el que quiera, y no esté perseguido por autoridades del país, emigre hacia el Ecuador —país que los ha recibido sin ninguna visa—. De ahí recorren caminos hasta la frontera de Colombia con Panamá, cruzan un tramo marino, y desde Puerto Obaldía funcionarios panameños los llevan hasta el lindero con Costa Rica.

Los emigrantes cubanos, por esa vía, ya no tienen que arriesgarse a ahogarse cruzando el mar Caribe porque, al vender sus pocas pertenencias y además recibir ayuda económica de parientes y amigos de fuera de Cuba, pueden pagar el pasaje de avión hasta Ecuador y recorrer el camino terrestre hasta EE.UU.. No obstante, este recorrido no sólo es prolongado sino azaroso y mortificante porque, además de pagarles a los traficantes de viajeros —‘coyotes'— por su conducción, y privadamente a algunas autoridades locales por el paso a través de Colombia hasta Panamá, tienen que pernoctar en cualquier descampada y alimentarse como puedan. Luego, también tienen que pagar por su transportación y estadía en Centroamérica y México hasta arribar a EE.UU..

Lamentablemente, sumado a los gastos y penurias del viaje, los cubanos están sufriendo el no poder atravesar Nicaragua porque este país ahora ha prohibido el paso. Ello ha forzado a Panamá y a Costa Rica a suministrarles continuada alimentación y estadía. En Panamá, además del gobierno habilitarles albergues y sufragarles hospedajes en hoteles en la frontera con Costa Rica, las misericordiosas iglesias católicas y evangélicas chiricanas también los cobijan en sus recintos. Empero, aunque la aplicación de estas ayudas es un orgullo para Panamá, lo cierto es que para este país, como para Costa Rica, la carga económica es onerosa para financiarla por sí solos. Como muestra, en Puerto Obaldía la situación humanitaria es angustiosa.

Por razones políticas los emigrantes cubanos actuales gozan, dentro de ciertas condiciones, de un beneficio migratorio en EE.UU. — establecido desde hace décadas— que es un atractivo para emigrar hacia allá.

Adicionalmente, en la Florida vive una numerosa población cubana, que ha emigrado cada vez que ha podido, entre los que hay amigos y parientes que compartirían con ellos un estilo de vida conocido, con sistema político de más libertades y de facilidad de emprendimientos.

Acerca de lo descrito, el Papa y la gente sensible y compasiva están consternados y formulan deseos y peticiones, para que prontamente en el 2016 se erradiquen la xenofobia y las causas de las penosas migraciones, y se convalide el año de la misericordia.

INGENIERO CIVIL