22 de Feb de 2020

Demetrio Olaciregui Q.

Columnistas

La República Saharaui

Su producto interno bruto y su nivel de crecimiento, lo colocan entre las primeras economías de África

Todo parece indicar, por los recientes acontecimientos, que el futuro de Panamá está supeditado a sus relaciones con uno de los países más reconocidos del norte de África: La República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Los académicos, intelectuales, la clase política y empresarial, lo mismo que los ciudadanos panameños informados ignoran la existencia de ese Estado, uno de los más influyentes en la región del Sahara-Sahel.

Su producto interno bruto y su nivel de crecimiento, lo colocan entre las primeras economías de África. Por eso ha ganado el privilegio de ser considerado un socio comercial de la Unión Europea, de Estados Unidos y de las principales economías de Asia. En África su prestigio se ha acrecentado luego de que firmara un acuerdo con Washington para participar en maniobras militares conjuntas y los Estados del Golfo Pérsico lo han hecho miembro de su Consejo de Asuntos Estratégicos. La OTAN lo considera miembro honorario. Como miembro permanente de la ONU, ha ocupado en varias ocasiones un puesto en el Consejo de Seguridad.

En su política interna ha consolidado una democracia representativa y un reconocido grado de bienestar para una sociedad empoderada y autónoma. En las últimas elecciones, en las que participó una docena de partidos políticos de todas las tendencias, resultó triunfador por octava ocasión Mohamed Abdelaziz, con el 90.9 % de los votos. Este personaje reúne la feliz coincidencia de ser el secretario general del grupo guerrillero Frente Polisario que creó la RASD, y ocupa sin oposición y en forma vitalicia, desde hace más de cuatro décadas, la Presidencia de ese Estado soberano.

La mala propaganda señala a la RASD como una ficción que no posee los requisitos fundamentales para la existencia de un Estado, como son territorio, población, Gobierno e independencia. Cuestión que es rechazada con la misma vehemencia con que no aceptan haber sido instrumentos del extinto líder libio Muamar el Gadafi y de la Guerra Fría ni apéndice de Argelia en su enfrentamiento histórico contra el Reino de Marruecos.

La realidad es que su estrecha relación con Argelia, al igual que con Nigeria y Sudáfrica, está basada en la deuda de ese país por la asistencia militar y económica dada por la RASD en su lucha por la independencia del colonialismo francés. Actualmente Argelia mantiene concesionados sus puertos a la RASD para que despache sus productos de exportación al mundo. La moneda saharaui es una de las más fuertes de África.

Al igual que con el bloque europeo y EE.UU., los ciudadanos de la RASD gozan de excepción de visados para ingresar a esos territorios. Eso, sumado a los acuerdos de excepción de visado suscritos con la mayoría de los países latinoamericanos, permite a los ciudadanos saharauis hacer negocios y viajar sin restricciones a los destinos turísticos de América.

En el continente americano, la RASD mantiene embajadas —excluyendo, por supuesto, a los países del Alba— en capitales tales como Ottawa, Washington, México, Bogotá, Lima, Santiago, Santo Domingo, Brasilia y Buenos Aires. Con esos países ha suscrito convenios de cooperación que van desde el suministro de insumos agrícolas, hasta la concesión de becas para estudiantes de postgrado en sus universidades y centros de investigación científica.

Todas esas consideraciones las tuvo en cuenta el presidente Juan Carlos Varela para reconocer a la RASD, decisión que fue respaldada por un comunicado oficial de la Cancillería panameña en el que dio a conocer las razones de ese hecho histórico en la política exterior del país. De inmediato el Partido Panameñista, junto con la facción del PRD que cogobierna con Varela, emitió un comunicado conjunto en el que aplaudió el establecimiento de relaciones, porque para Panamá era una cuestión insostenible. La noticia ha generado revuelo entre los diplomáticos panameños que se disputan el puesto de próximo embajador en el campamento de Tinduf, la actual capital de la RASD.

Al mismo tiempo, el Ministerio de Turismo de Panamá ha iniciado una campaña de promoción para que los panameños pongan en sus agendas los sitios turísticos que ofrece la RASD para sus próximas vacaciones en África. Como el Reino de Marruecos carece de esos atractivos y no cuenta con enormes infraestructuras portuarias y de zonas de exportaciones en Tánger Med ni un pujante centro financiero internacional en Casablanca pareciera, por el contrario, que el futuro del país y el interés nacional de Panamá está indisolublemente unido a la RASD.

PERIODISTA