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30 de Nov de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Zika

‘Hay que modificar nuestros hábitos cotidianos y promover una información clara, sencilla en la población más vulnerable...'

Zika
Zika

La humanidad ha sido víctima de múltiples epidemias a través de la historia cuando diferentes circunstancias, han ocasionado perjuicios y acabaron con la vida de muchas personas. Lo grave de estos fenómenos, es que se producen fuera de cualquier cálculo y en tiempos tan acelerados que superan las posibilidades de atención por los entes responsables de la salud pública.

De acuerdo a datos de organismos internacionales, los virus, principales componentes microscópicos de estas enfermedades masivas, existían en animales y no afectaban a los seres humanos. Pero su vinculación por diversos tipos de causas con otros que sí tenían efectos sobre personas, lograron mudarse a los cuerpos de éstas y empezaron los problemas. También hubo impactos con la ocupación de espacios que antes solo eran el hábitat de otras especies.

La información científica establece que de las doce peores epidemias sufridas, seis de ellas tuvieron origen en el siglo XX. La gripe española, el VIH Sida, la gripe asiática, la gripe de Hong Kong, el ébola y el Síndrome de las vacas locas. Pero en lo que va del siglo XXI, ya se han presentado tres, la influenza A(H1N1), la gripe aviar y el Zika; esta última con una velocidad de avance y expansión en un mundo globalizado.

Contra todo pronóstico, en este siglo han resurgido males que se creían superados, como el polio en la India con mil casos; la epidemia SARS, que ha afectado a 8000 personas, pero produjo unas 700 muertes en dos meses. Además la gripe aviaria H5N1 y la propia gripe A(H1N1), pandemia de gripe; el cólera en Haití con saldo de 8000 víctimas y el coronavirus de Oriente Medio en 7 países, mil enfermos y 500 muertos.

Aunque el zika no tiene propiamente su origen en este siglo, pues se documentó su origen en 1947, en unos macacos en un bosque de Uganda de donde tomó su nombre; es desde hace casi un año, que se ha desarrollado y expandido, sobre todo a América Latina por el rápido desplazamiento que permiten los viajes y actividades en que intervienen individuos de la especie humana.

De África se dirigió a la Polinesia en el océano Pacífico. Se tiene la tesis de que por algunas competiciones de canotaje llegó a las islas de Pascua y probablemente durante el Mundial de Fútbol, alcanzó Brasil. Allí, dados el ambiente y la aglomeración, el virus se asentó, se reprodujo y luego se desplegó a todo el continente por acción de su vector básico, el mosquito Aedes aegypti, que también genera el dengue, la fiebre amarilla y el chikunguña.

Los síntomas de este mal son semejantes a la gripe y, de acuerdo con las autoridades médicas, un 80 % de quienes la adquieren ni siquiera sabrán que la han padecido. El problema se hace crítico cuando las mujeres embarazadas reciben el virus, pues se sabe que repercute en perjuicio de los fetos en la etapa formativa y que degenera en una microcefalia o reducción de las proporciones de su cabeza con serias consecuencias.

Allí reside la gravedad del asunto. Las autoridades son conscientes de la velocidad con que se transmite el virus de esta enfermedad. En Brasil, hubo en 2014 unos 200 casos y en 2015, ascendió hasta 4000. Las oportunidades que permiten la proliferación del mosquito son la humedad y el descuido en objetos y desechos que se llenan de agua y posibilitan el rápido ciclo de vida de este insecto y su reproducción.

Es necesario reducir estas fuentes de posible infestación. Hay que modificar nuestros hábitos cotidianos y promover una información clara, sencilla en la población más vulnerable sobre las formas de contagio y procurar así revertir estos indicadores adversos para garantizar futuras generaciones más sanas.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.